¿Y ahora de quien nos vamos a reír? (1)

Participamos de una reunión social en la que los anfitriones habían contratado a un grupo de animadores que intentando “romper el hielo”  empezaron su participación con los clásicos chistes que ridiculizaban a las mujeres, a los hombres, a los extranjeros, a los gays etc. Me llamó la atención, las escasas risas de los participantes que expresaban su malestar con silencio, gestos de desaprobación  o abandonando la sala….

Entonces me pregunté ¿que había cambiado?, porque si esas bromas hubiesen sido contadas en décadas pasadas, la risa y el disfrute habrían sido totales. ¿Pero porqué las personas no reaccionaban como antes?, ¿qué había pasado?

 

El mundo cambió, por efecto de las luchas de los movimientos juveniles, lo que en conjunto se llamó “contracultura”, fueron procesos de visibilización, inclusión y de participación de las minorías socio culturales en un contexto de globalización, cuyos indicios se dieron en el siglo XX con en el Mayo Francés o el Verano de Amor de San Francisco de 1967, el famoso concierto de rock en Woodstok de 1969, eventos novedosos que revolucionaron el mundo y que permitieron el desarrollo  de corrientes como el feminismo,  grupos ecologistas, defensores de la diversidad sexual, de los derechos de los animales, entre otros. Hasta convertirse en modelos de pensamiento, que marcaron la vida y el comportamiento de los pueblos, pues modificaron las reglas de juego sociales, culturales, económicas, familiares  y políticas.

 En el Ecuador también están presentes en la Constitución vigente, en el Art. 11, inciso 2, donde se declara:

“Todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos, deberes y oportunidades. Nadie podrá ser discriminado por razones de etnia, lugar de nacimiento, edad, sexo, identidad de género, identidad cultural, estado civil, idioma, religión, ideología, filiación política, pasado judicial, condición socio-económica, condición migratoria, orientación sexual, estado de salud, discapacidad, diferencia física….”

Si leemos con atención, en el texto constitucional, la norma legal pretende proteger y defender  a los grupos vulnerables de un conglomerado social que en el humor disfraza rasgos homófobos, xenófobos, irrespetuosos e intolerantes.

 Entonces estamos en un punto de cambio, que se manifiesta  en la manera de estructurar las bromas, las que no deben estar dirigidas a atentar contra los derechos de las personas.

 Ahora ¿de quien vamos a reírnos?, o ¿de qué vamos a reírnos?

Es el momento de reinventar el humor, para sacarlo del campo de la ofensa, al terreno de la creatividad, sobre todo de la no agresión y de respeto al diferente.

 

Jorge Mora Varela