Podríamos llenar muchísimas hojas de papel con historias de contenidos y tareas escolares  inútiles, que hicieron de nuestra vida de estudiante un anecdotario frente al cual no sabríamos si reír o maldecir.

 

Los contenidos y tareas escolares inútiles

Revisaba  un trabajo numérico de una de mis alumnas, una muchacha veinteañera que tenía dificultades en el manejo del Excel, lo cual ponía en riesgo su continuidad en la carrera universitaria, le pregunte si había aprendido a manejar este programa, me dijo que no, porque en su colegio le habían enseñado el Photoshop…

No discuto el valor de aprender de cualquier cosa, pero creo que la escuela, el colegio y la universidad, deben ser instituciones articuladas y activas de un sistema educativo que busquen el desarrollo de seres humanos en su máximo potencial, que respeten sus particularidades, por lo tanto deben enfocar esfuerzos en proponer aprendizajes válidos, significativos, que generen el resultado que los jóvenes, sus familias, la comunidad y el país espera.

Sin embargo  la educación formal parece en sistema caótico, sin brújula, ni patrón de juego, ni modelo de pensamiento. He aquí unas cuantas perlas cultivadas:

 

  • Construir con palillos, alambre  y pelotas de ping pong: el sistema solar, células, átomos, la estructura del ADN, o cualquier ocurrencia científica, con lo cual desarrollamos  una gran habilidad para hacer trabajos manuales.

 

  • Realizar cálculos aritméticos  a mano y comprobarlos con la prueba del 9… sin poder hacer uso de la calculadora o el computador, “Porque los chicos se hacen tontos”.

 

  • Buscar insectos, mariposas o pequeños bichos, para hacer colecciones de animales muertos, pegados sobre una cartulina.

 

  • Elaborar figuras de  mazapán o plastilina y poner su nombre en “Inglés”, con el objetivo de aprender la lengua extranjera, como resultado desarrollamos la destreza para hacer figuras  artesanales.

 

  • Participar todos los años en desfiles, procesiones  y representaciones tradicionales, para cultivar el amor “a lo nuestro”.

 

  • Enseñar con rigor lo que creemos o sabemos y verificarlo mediante  exámenes de memoria.

 

  • Enviar para el día siguiente la resolución de 100 problemas matemáticos, para despertar el amor por las ciencias numéricas.

Los resultados son evidentes: NO generamos científicos o investigadores, NO alcanzamos alta competencia en el manejo de tecnologías de la comunicación,  NO desarrollamos espíritu ecológico y conservacionista, NO aprendemos Ingles,  NO generamos la habilidad para interactuar con los que son diferentes a nosotros, NO desarrollamos la lectura comprensiva, la lógica matemática o el sentido crítico, NO alcanzamos  los Premios Novel de Física, de Economía, de Medicina, ni el de literatura.

Algunos de los contenidos y tareas escolares son el resultado de tradiciones que se mantienen en el tiempo como fruto de una actitud conservadora, irreflexiva, descontextualizada, ajena a los nuevos signos de los tiempos y de espaldas al futuro, pensadas con mentalidad de pueblo como en el Medioevo, para evitar que los niños y los jóvenes “no sucumban ante las tentaciones”, o para evitar que “pierdan el tiempo”, o son usadas como “castigo”.

Además es recurrente que en el mundo de los niños las tareas escolares las realizan los papás o las mamás, hasta  las señoras del servicio doméstico, pues han demostrado muchísima habilidad para hacer carteleras, dibujos, maquetas, “investigaciones”, cortar y pegar, o navegar en  internet, donde es fácil encontrar cientos de páginas con las tareas escolares preparadas como los problemas de matemáticas, los “ensayos” sobre literatura, filosofía, ciencias, o cualquier tema de inspiración docente.

Estos aprendizajes están llenos de buenas intenciones pedagógicas con la esperanza de que los estudiantes al realizar muchas actividades académicas en la escuela o en la casa, podrán mejorar su nivel educativo… Pero la realidad es que algunos de los contenidos y sus tareas son erráticos por lo tanto ineficaces porque no son diseñados, ni  orientados para  responder a las necesidades formativa de sus actores, por lo cual resultan excesivas e inútiles.

Por supuesto NO tenemos una educación de calidad, pero aprobamos.

 

 

Jorge Mora Varela