Los ángeles y los demonios del

Impuesto a la Herencia

“No es por la plata, esto es por principios”, suelen decir las personas cuando se sienten perjudicadas o amenazadas sus valores personales, cívicos o conductuales.

En el Ecuador se está viviendo momentos de desencuentro social porque el gobierno pretende aprobar el proyecto de Ley de Redistribución de la Riqueza, conocida como Ley de Herencias, que según el sector gubernamental tiene la intención de redistribuir la riqueza. Como consecuencia de este anuncio en el país han empezado a realizase manifestaciones y para ello utilizan el poder de convocatoria de las redes sociales.

Según el gobierno esta medida afectaría a un pequeño porcentaje de la población ecuatoriana que dispone de mayor cantidad de recursos económicos, pero ¿qué parece haber desatado la ira popular?

 

Cuando una medida de carácter económico toca sus VALORES SAGRADOS  expresados en SÍMBOLOS IDENTITARIOS como son sus propiedades, sus tierras o sus bienes inmuebles, las personas afectadas se sienten ultrajadas y su reacción es la indignación, la vehemencia, la rabia y la violencia.

Mientras el gobierno piensa en decisiones basadas en su modelo político o de racionalidad distributiva, parece haber olvidado que sus decisiones afecta a personas que tienen valores simbólicos significativos, recogidos en la primera idea del preámbulo de la Constitución de la República del Ecuador, donde a todo el pueblo soberano, intercultural, plurinacional y laico, se le reconoce sus raíces milenarias en “una sociedad que respeta, en todas sus dimensiones, la dignidad de las personas y las colectividades”.

Los ciudadanos ecuatorianos tenemos como herencia histórica un “patrimonio cultural”, que son las costumbres, tradiciones y maneras de vivir que pasan de generación en generación, porque poseen significado y valor simbólico, sobre el cual hemos construido nuestra identidad social, el Art. 21 de la Constitución así lo manifiesta “Las personas tienen derecho a construir y mantener su propia identidad cultural”, con todo su imaginario y en su diversidad de manifestaciones.

No creo que sea una buena idea poner en vigencia un impuesto como un asunto meramente técnico o apelando a  poner en tela de duda la legitimidad del patrimonio de los ricos como el argumento que sostenga tal medida, sin tomar en cuenta al pueblo ecuatoriano y su simbolismo, porque heredar el patrimonio económico, parcelas o bienes inmuebles son prácticas presentes en todos los estratos sociales, pues ese es un recurso habitual y generalizado de nuestras familias y se lo hace para proteger a sus hijos, entonces cualquier medida que amenace este imaginario provoca el rechazo y malestar ciudadano.

Creo que sería saludable visualizar y analizar esta problemática civil, no desde las cámaras de vigilancia en los lugares de concentración ciudadana, ni desde la agresión física o verbal o de el señalamiento social o político por el hecho de pensar diferente, sino desde la investigación social en los campos de la antropología y de sociología, que permitirá, encontrar empatías emocionales y soluciones viables en el campo de la economía y de la política, en aras de recomponer la vida nacional.

 

Jorge Mora Varela