Salí de la ducha, con la incomodidad de buscar la toalla que no había portado al cuarto de baño, de pronto me encontré con la mirada de mi perro Simón, quien me veía fijamente, poniendo a prueba mi pudor…. igual como alguna vez le sucedió al filósofo francés Jacques Derrida con su gato.

 

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LOS ANIMALES EN EL MUNDO HUMANO

 

 

Es evidente el incremento de la presencia de las mascotas como parte del entorno familiar, sobre todo en el sector urbano.

Esto presupone una actitud de aceptación del otro llamado animal, al que identificamos como un ser con características diferentes a las nuestras y que de manera habitual e irreflexiva hemos  catalogado como de condición inferior, de menor valor y creo que lo hemos hecho de manera consciente para afirmarnos los humanos como seres superiores.

La historia se ha escrito con la creencia de que el ser humano es una criatura cercana a la divinidad y por ello poseedores del derecho a utilizar, masacrar o  domesticar a los animales, sin reconocer en ellos su otredad, es decir, la posibilidad de reconocerlos como seres diferentes, respetarlos y convivir con ellos en su diferencia, como la única garantía de la diversidad y supervivencia.

 

En la cultura popular la presencia de los animales en el entorno familiar tiene como finalidad ser parte del alimento humano, elementos de carga, de realizar tareas de vigilancia o utilizarlos como animales de pelea.

Un signo de los nuevos tiempos es el respeto, inclusión y convivencia con ellos, aunque algunas personas consideren que es cuestión de moda, o de privilegio de personas pudientes, de los que no tienen hambre. Me parece que es un tema de inclusión de seres que han sido históricamente excluidos, desconocidos, subvalorados, estigmatizados y en consecuencia violentados.

Creo que esta nueva tendencia de cercanía con los animales al  entorno familiar es una gran oportunidad para su supervivencia y mejoría en su calidad de vida, porque nos permite conocerlos, entenderlos, valorarlos, aprender de ellos y en consecuencia, construir un mundo diferente, más armónico, menos violento e incluyente y si pudiese generalizar un experimento educativo en el Japón, de convivencia entre alumnos y sus mascotas, diría “más racional, pacífico y gratificante.”

Y por supuesto darles la oportunidad de enriquecer, embellecer y alegrar nuestras vidas.

 

Jorge Mora Varela