LA CULTURA DE LA VIOLACIÓN

Publicado por Daniela Mora 

"La violencia contra las mujeres está tan extendida y es tan frecuente que lo vamos aceptando como algo natural, PERO NO LO ES”

  

COALICIÓN NACIONAL DE MUJERES DEL ECUADOR.

 

Hace unos días una joven de 16 años fue violada por aproximadamente 30 hombres en una favela de Río de Janeiro-Brasil, los perpetradores grabaron el ataque, la vagina sangrante de la víctima; y de fondo varios hombres mofándose de lo que acababan de hacer. No contentos con ello, colgaron el video en redes sociales y alrededor de 500 personas le dieron un “me gusta”.

 

Pronto, el video se convirtió en una especie de broma perversa, con comentarios que aplaudían el crimen. Uno de los primeros internautas que compartió el video comentó que “hicieron un túnel” en el cuerpo de la joven.

 

No pasó mucho tiempo para que la información personal de la víctima saliera a la luz, fue la propia abuela quien comento a la prensa que su nieta consumía drogas y que era normal en ella desaparecer varios días a pesar de ser madre. Ésta información enseguida se convirtió en el pretexto perfecto para justificar el crimen y a los hombres que lo cometieron, sacando una vez más a relucir la llamada cultura de la violación que busca normalizar terribles actos de violencia a través de cometarios acusadores que se presentan por lo general a modo de preguntas que en el simple análisis se convierten en acusaciones hacia la víctima y justificaciones hacia el victimario “¿Consumía drogas?”; “¿Qué hacía en ese lugar?”; “se lo merecía”; “para que aprenda”; “y si le gustaba?”; pero nada justifica la violencia, nada!

 

Pero esto no es nuevo, la tendencia de culpar a la víctima se da cada día, en la cotidianeidad, desde nuestra propia casa, por la ropa que usamos, por nuestro caminar, por andar solas, por beber, porque no deberíamos salir sabiendo como son las calles.

 

Resulta repulsivo mirar a nuestro alrededor y comprobar como para hombres y mujeres es más sencillo buscar una explicación a una violación que ponerse del lado de la víctima, porque seguimos reproduciendo modelos mentales que enseñan que el sexo es un arma de poder y de manipulación, y que las relaciones son espacios para demostrar poder y capacidad de someter al otro; porque seguimos enseñando a nuestros hijos, especialmente a las mujeres que es mejor cuidarse o protegerse o no exponerse, porque intrínsecamente aceptamos que por el hecho de ser mujeres seremos violadas o agredidas al menos una vez en la vida. Todo esto en lugar de enseñar a todos el valor del respeto, no como una cuestión de género, sino de humanidad; que todos y todas nos merecemos respeto, no por ser hijas, madres, hermanas, novias, sino por el hecho de ser personas; y que la violencia no se justifica con nada!

 

En el Ecuador seis de cada diez  mujeres han sido víctimas de violencia en el país, es decir alrededor de 3.2 millones de mujeres; y de ellas, la cuarta parte, alrededor de 800.000 han sido víctimas de violencia sexual (cifras proporcionadas por la Colación Nacional de Mujeres del Ecuador).

 

Todo esto en el marco de un Gobierno ciego y sordo para entender la realidad y analizar cifras reales sobre violencia hacia la mujer, pero con la lengua demasiado ligera para referirse a las mismas: No hace mucho, el secretario jurídico de la Presidencia de la República afirmó en una entrevista a un recocido medio de prensa que las mujeres deberíamos aplazar nuestra vida sexual y que nos dejamos violentar. De la misma manera la Secretaría Nacional de Comunicación en un spot publicitario recomendó a las mujeres no beber demasiado, para evitar que “algo” nos suceda, es decir, evitar dar el pretexto perfecto para que nos violen. Recuerdan el correo electrónico entre el Presidente y su Secretario Jurídico en que tildaba  a varias mujeres (asambleístas) de “mal culeadas”; y es que está muy arraigado el concepto de que las mujeres existimos solamente en función de los hombres, para la satisfacción de cualquier tipo de necesidad. La persistente necesidad social-gubernamental de cuidar la integridad de las mujeres, su virginidad, su vagina, se deriva de la percepción utilitarista de lo femenino hacia lo masculino; de la supuesta facultad del hombre de tomar a la mujer cuando se le venga en gana.

 

“Yo no sé si la equidad de género mejora la democracia…lo que sí es seguro es que ha mejorado la farra”.

 

“Qué asambleístas guapísimas que tenemos. Corcho, hay que aumentarles el sueldo porque no tuvieron plata para comprar suficiente tela y todas con una minifalda. Dios mío…me contaron que tienen unas piernas impresionantes”,

Rafael Correa

 

En medio de todo esto, nuestros niños se convierten en adultos, en hombres que repiten los mismos patrones y roles de género impuestos por una sociedad que no termina de entender de qué se trata la igualdad de género; que se ha conformado con tener “representantes” femeninas ocupando curules, pero respondiendo a los intereses de los hombres que las denigran; o en palabras del Alcalde de Guayaquil “A todos nos encantan las mujeres jóvenes y bellas, pero este no es un concurso para ser reina de Guayaquil” cuando se refirió a su contendora en las elecciones del año 2014.    

 

Hay que romper este círculo vicioso de poder. Es una cuestión cultural que está muy arraigada y lastima. Vivimos en una sociedad que aprovecha la mínima oportunidad para subyugar, violar, faltar al respeto y aplastar los derechos y las luchas de las mujeres. 

 

Pero claro, existen excepciones, hombres y mujeres que no aplauden este tipo de comportamiento denigrante y violento, que levantan la voz, aunque con un poco de temor por las represalias y las críticas, por eso es necesario entender que todas las acciones nombradas en este artículo no son más que el reflejo de nosotros, de lo que toleramos y lo que callamos.

 

Nadie, en ninguna parte del mundo se merece un trato violento, es nuestro deber vencer el temor, hablar, educar a todos por igual, es la única forma de ganarle la batalla a la violencia.