¿Y AHORA QUE VOY A SEGUIR?

 

Ejerzo la docencia desde hace más de treinta años  y aún me afecta la imagen de un joven de 18 años, que con su diploma de bachiller en la mano, no tiene  idea de que carrera seguir en la universidad y ni qué hacer con su vida.

El primer impulso es despotricar contra el orientador vocacional, la institución educativa o contra el gobierno que exige a los jóvenes  rendir el  examen Nacional para la Educación Superior  y que les permitirá acceder a una profesión de nivel universitario, de acuerdo a la nota alcanzada por él en el examen, de un listado de instituciones de educación superior y de un grupo limitado de profesiones.

Creo que es necesario retornar la mirada a los fundamentos de la educación misma, que se perdió en sus buenas intenciones, que se extravió entre adverbios, sujetos, predicados, logaritmos, fotosíntesis, células, cadenas montañosas, capitales de Europa, seno, coseno y tangente, el verbo to be, El Excel, el Power Point, las culturas Mayas, los Incas, los Quitus o el Pueblo Pasto.

O nos enredamos en discusiones interminables, divagando si la educación debe ser laica, religiosa, estatal, privada, con doble titulación, si debe promoverse por notas numéricas, por letras o por constructos tangibles, si debe ser  mixta o no, si el ingreso debe ser libre o restringido o cualquier postulado vago y a la larga inútil.

Creo de manera firme que debemos volver a enseñar lo elemental, por ejemplo:

- que los niños y los jóvenes puedan leer de corrido, con capacidad de comprender lo que están leyendo,

- que puedan escribir con coherencia,

- que puedan realizar sin problemas las cuatro operaciones matemáticas,

- que conozcan la historia de su país y  de su pueblo, para que sepan dónde están parados, distingan de donde vienen y puedan decidir con autonomía a donde ir en cualquier orden de la vida.

Que construyan su mentalidad, porque han desarrollado la capacidad de buscarse a sí mismos; que cada uno sepa con claridad si tienen por ejemplo capacidad científica, o técnica, pragmática o matemática, habilidades manuales o capacidad comunicativa, gusto por lo ambiental, sentido solidario o su capacidad deportiva, entre  tantas.

Esto le permitirá a cada joven encontrar en esos años lo que a cada uno le agrade, aquello que sea de su interés y para lo que tiene capacidades, gusto y talento.

Pero ello requiere docentes y autoridades educativas inteligentes, generosas, atentas, libres de las pseudo ataduras curriculares que condenan a los jóvenes  estudiantes a aprender una enorme cantidad de materias, muchas veces inútiles, con el mismo efecto de una fanesca intelectual y como resultado tenemos bachilleres en estado de parálisis, cuando llega la fatídica pregunta: ¿Y ahora qué vas a seguir en la universidad?

 

Jorge Mora Varela 

Autor Caricatura: Gabriel Tobias Tejada Duarte