Según la lógica de algunos países, las mujeres debemos mostrar suficiente piel para demostrar que no somos terroristas.

 

ENTRE EL BIKINI Y EL BURKINI

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En una playa francesa, cuatro policías se acercan a una mujer y le exigen que se quite la ropa o se marche ¿Cuál es la razón por la que se podría exigir a otra persona que se desnude a la vista de cientos de turistas?

 

En Francia parece ser que el burkini que “manifiesta de forma ostentosa una pertenencia religiosa”, o dicho en otras palabras, preferimos que muestre la piel suficiente a fin de demostrar que usted no es terrorista.

 

Esto de la mano de una cultura (occidental) que no ha logrado entender que no todas las personas de oriente medio son extremistas o terroristas con ansias de acabar con el mundo occidental y sus valores; sino que muchas de ellas han huido de su país de origen por temor a la guerra, la tortura, el secuestro o la desaparición, para encontrarse irónicamente con otra clase de persecución aún más absurda porque en nombre de la libertad de conciencia se pretende exterminar sus creencias y sus costumbres u “occidentalizarlas”.

 

 

Para el mundo es más fácil darle forma de burkini a su enemigo que asumir que la conducta represiva, prohibitiva y excluyente es la que nos aleja de una solución más cierta a la problemática que representan los grupos extremistas que hacen lo mismo que nosotros les hacemos a quienes no concuerdan con lo que la “civilización occidental” ha calificado como válido. No se trata de armas, sino de desprecio, odio e intolerancia.

 

¿Por qué la libertad de las mujeres que usan el burkini es menos valida que nuestra libertad de no hacerlo? Cuándo nos volvimos el paradigma de lo normal y lo válido? Muchos quienes hablan de la cultura machista que hay detrás del uso del burkini no han analizado el trasfondo que existe en el uso de bikini o “prenda adecuada” que en un principio era considerada indecente pero que con el paso del tiempo y su progresiva disminución de tamaño no ha hecho más que satisfacer los mórbidos gustos de la cultura a la que pertenecemos.

 

El terrorismo no se combate atacando una prenda de vestir o desapareciendo los símbolos más representativos de una cultura, eso sería tanto como afirmar que en virtud del laicismo establecido en la Carta Magna del Ecuador debemos proceder a derrumbar todas las iglesias y templos y a quemar todas las imágenes que nos hagan recordar la existencia de las religiones.

 

Es nuestra obligación tender los puentes, no quemarlos.

 

La libertad exige el reconocimiento del otro, el derecho a exigir paz, respeto y tolerancia va de la mano con nuestro comportamiento con el mundo.

 

Daniela Mora Santacruz