Me llamó la atención la actitud de las personas que invadieron el campo de juego del estadio George Capwell de la ciudad de Guayaquil, cuando se supone que no debe hacérselo, las fotografías muestran a personas que disfrutan el momento mientras se toman selfies, o en manifiesta algarabía y sin ninguna señal que indique que ellos sepan que están infringiendo la ley.

 

LOS ECUATORIANOS NO ENTENDEMOS EL PORQUÉ DE LA LEY

 

Las normas y las leyes aparecen en la humanidad, a medida que se forman grandes grupos humanos que viven juntos y con ello se da la formación de las ciudades, entonces son las mismas personas quienes se ven en la necesidad de crear regulaciones que permitan en lo posible la convivencia con la menor cantidad de conflictos posibles.

Uno de los testimonios más antiguos y determinantes en la construcción de la civilización occidental son los “Diez Mandamientos”, durante un período de quinientos años, hasta convertirlos en normas de convivencia y que para darle el carácter de obligatorio, la misma civilización le atribuyó el origen divino.

Todos los conglomerados humanos recurren a un conjunto de regulaciones, para poder tener niveles de convivencia aceptables y permanecer en el tiempo y de ellos el Ecuador no es la excepción, que durante sus casi doscientos años de vida republicana ha creado veinte constituciones, en el intento de lograr una convivencia posible y adecuada para los ecuatorianos.

 

Las leyes tienen el carácter de obligatorio porque son necesarias para lograr la convivencia pacífica entre conciudadanos y por ello se manifiesta en "debes hacer ….." o,  "no debes hacer ….."; como imperativos categóricos  como lo define el filósofo Immanuel Kant.

Sin embargo para muchos de los ecuatorianos creen que las normas y las leyes no es algo que deban conocer, ni les importa y por ello no las obedecen; sino como muestra unas cuantas pruebas al canto de una posible lista interminable:

·        Tener la predisposición a infringir las leyes de tránsito, ante la sospecha que no existe una autoridad que nos vigile e insultar de la peor manera a quien se atreva a señalar la infracción.

·        No tener ningún empacho en utilizar el teléfono móvil para hablar y mensajear, mientras se conduce.

·        Orinar en la calle como si fuese natural.

·        Rayar las fachadas de las casas, con garabatos, dejando las ciudades con un rostro de descuido e indiferencia que lastima.

·        No reconocer los derechos de autor en ninguna de nuestras tareas escolares, porque hacer Ctrl+C y Ctrl+V es fácil y a nadie parece importarle las fuentes.

Si miramos desde exterior, el Ecuador parece un conglomerado amorfo, con movimientos erráticos, sin rumbo predecible, no obstante el empeño de sus gobernantes de turno, que insisten en marcar el rumbo adecuado desde sus perspectiva política y un grupo de aspirantes a los puestos de mando, dispuestos al tradicional efecto pendular para una vez más refundar a la patria y dejar al país con los mismos males endémicos, que solo dejan estelas de frustración y postergación en el tren de la historia.

Creo necesario acordar un “PACTO SOCIAL” con un pequeño número de imperativos, que busque un rumbo claro para los ciudadanos y por ello para el país, que consista en reglas claras que todos los ecuatorianos podamos reconocer, aceptar y obedecer para construir un país posible, racional, coherente y que sea el resultado de nuestras propias decisiones.

 

Jorge Mora Varela