A propósito del comentario del Presidente Rafael Correa, del 04 de octubre de 2016

"Si se dan cuenta lo que está proponiendo Cynthia Viteri... Yo de asesor de Cynthia Viteri le recomendaría que no hable de economía, que hable de cualquier cosa... de maquillaje, no de economía. Da vergüenza ajena"

EL PODER POLÍTICO Y EL MAQUILLAJE

En el diálogo socrático “El Económico” del griego Jenofonte escrito alrededor del año 400 antes de Cristo que trata sobre la economía doméstica y la agricultura, se trata de una conversación referida por Sócrates, sobre un próspero granjero llamado Iscómaco, en el cual describe los métodos que usó para educar a su mujer en el arte de gobernar el hogar.

Se refiere a los artificios que usaba su mujer para ser reconocida como el mayor objeto de placer y la mejor compañera sexual en la relación conyugal, para lograrlo usaba el maquillaje y los afeites, con el fin de aumentar su coquetería, mediante el uso de polvos para colorear sus mejillas, usar tacones para lucir el talle más esbelto, una forma de sutil engaño, usado por la esposa para incrementar el deseo y el placer sexual de su esposo y no ser sustituida por una mujer más joven y bella.

 

Sin embargo Isómaco, sostenía que la mujer para ser bella debía ocuparse de las tareas del hogar, para evitar estar ociosa y que para lograrlo ella debía caminar derecha, usar la ropa adecuada para distinguirse de la servidumbre y solo de esta manera podría gobernar la casa entonces lograría tener preminencia sobre las demás mujeres, con esto no verse devaluada por el marido frente a las otras y sabría conservar sus privilegios en la casa, tendría mayor importancia sobre las sirvientas y se colocaría en un lugar más elevado, para poder ser honrada, esa sería la posición ganada por la esposa por una vida de trabajo. Con ello poder acceder a la fidelidad de su esposo por la manera de conducir la casa y no por su belleza física o por su habilidad para dar placer sexual, pues esa era la tarea de otras mujeres.

Esta historia muestra los inicios de la civilidad Greca y la legitimación de la estructura patriarcal de la Grecia antigua, la representación principal del hombre y el rol de inferioridad de la mujer.

No puedo evitar identificar como los antiguos paradigmas de hace veinte y cinco (XXV) siglos que marcan los roles sociales, aún siguen vivos y lastiman, porque en estos tiempos la mujer puede ser desvalorizada, apocada, denigrada, discriminada o cosificada como objeto sexual.

Lo sucedido en el Ecuador, no es un hecho aislado, en el siglo XXI, con mayor o menor gravedad e impacto son comunes los atentados contra las mujeres en el ámbito político, basta mirar como en los países musulmanes se atenta contra las mujeres con sistemas legales atentatorios a sus derechos, en los Estados Unidos el candidato a la presidencia de la Republica Donald Trump realiza declaraciones lamentable en contra de las mujeres y su sentido de dignidad, el gobierno brasilero de Michel Temer, conforma su gobierno sin la presencia de mujeres, en el Perú se desarrolló una campaña de desprestigio a la candidata presidencial Keiko Fujimori, con rasgos misóginos evidentes, entre tantos y tantos casos, a vista y paciencia de todos.

En el caso ecuatoriano me habría gustado mirar la reacción de las mujeres sobre todo las relacionadas con el gobierno; su pasividad me hace pensar que como parece haberse puesto de moda en el país, ellas NO encuentran indicios de discriminación, o no pueden mirar el hecho discriminatorio porque es parte de la cultura o porque no desean causar malestar y estar en la mira inquisidora del poder.

 

Jorge Mora Varela