Dudo de la validez del Habitat III, porque el único pensamiento global trae beneficios, pero el costo para las minorías y para los que piensan diferente es incuantificable e irrecuperable.

LAS LUCES Y LAS SOMBRAS DEL HÁBITAT III Y EL PENSAMIENTO GLOBAL ÚNICO

 

La Conferencia de las Naciones Unidas Hábitat III que se realizó en Quito, acogió el pensamiento de los 193 estados miembros, en ella se aprobó las líneas de la nueva agenda urbana que deberán cumplir los gobiernos en el esfuerzo global por erradicar la pobreza y elevar los estándares de vida a nivel mundial…

Es evidente que el proceso de urbanización se da en todo el mundo y por eso es un tema estratégico para todos los países, entonces se diseñan estrategias comunes para ocupar, usar y producir en un entorno justo, inclusivo y sostenible.

La Agenda Urbana se la preparó después de varios meses de negociaciones diplomáticas entre los 193 estados miembros de la ONU, esta agenda, contiene los lineamientos generales y los conceptos que pretenden impulsar el desarrollo urbano sostenible, con la idea de tener una visión compartida sobre las ciudades sostenibles, la forma de planificar y gestionar las ciudades, el asumir compromisos, procesos de implementación efectiva, seguimiento y revisión.

Se discutió con los jóvenes en términos seductores, incuestionables, con visión de futuro, como:

La idea de construir ciudades incluyentes y libres de discriminación, con función social, que promuevan, protejan y aseguren una vivienda adecuada, con espacios públicos accesibles, con respeto a la diversidad cultural, participativas, que promuevan el empoderamiento de las mujeres, con desafíos y oportunidades del crecimiento, transformadoras de las economías urbanas y productivas.

Que posibiliten la erradicación de la pobreza, coherente con la Agenda 2030 y el Objetivo de Desarrollo Sostenible Nro. 11

Que tenga un enfoque integrador de gobernanza multi-nivel, con participación y contribución de todos los actores de la sociedad…

Entonces los discursos políticos alrededor del evento parecían corresponder a un gran baratillo de ofertas propias de una campaña electoral, con el uso de cualquier palabra rebuscada y por ello llamativa.

Que permita el aumento de RESILIENCIA URBANA (Capacidad que tendría la ciudad para recuperarse frente a la adversidad para seguirse proyectando el futuro).

Me pregunto:

¿Si estas ideas permitirían solucionar los problemas de supervivencia como el que afrontan las ciudades fronterizas en el Ecuador?,

Porque dudo de la validez del pensamiento global para solucionar los problemas de los pueblos diversos, que tienen derecho y la facultad de solucionar sus problemas de acuerdo a las características y posibilidades de cada uno.

La historia muestra un primer acto que permitió universalizar el pensamiento único y me refiero lo propuesto por Pablo de Tarso (San Pablo, 5 - 58 dc), en la carta a Gálatas 3:28:

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.

Legitimado por el emperador Constantino, en el año 313 y legalizado por el emperador Teodosio en el año 380, cuando declaró el cristianismo como la única religión oficial.

Esto permitió el desarrollo del occidente cristiano, pero también fue causante de la anulación, extinción y pérdida de un sinnúmero de culturas durante dos mil años.

En el siglo XXI, en el plano educativo se tiene el Plan de Bolonia, el acuerdo firmado por los ministros de Educación Europeos, para desarrollar un pensamiento único en la educación universitaria y que ha extendido su influencia a nivel global, donde se privilegia el pensamiento rentista empresarial de la Unión Europea y por ello tiene muchos detractores, porque no reconoce otras manera de desarrollar la educación universitaria, que responda a las necesidades de cada pueblo.

Por estas razones planteo mis dudas de la validez del Habitat III, porque el único pensamiento global trae beneficios, pero el costo para las minorías y para los que piensan diferente es incuantificable e irrecuperable.

 

Jorge Mora Varela