En la cotidianidad ecuatoriana, se pueden encontrar escenas que rayan en la tragicomedia, donde se mezclan elementos patéticos y cómicos, sarcásticos y caricaturescos, que me gustaría solo fuesen escenas ficticias de una mediocre película de bajo presupuesto.

EL ECUADOR NO CAMINA

Un feriado permite la movilización humana de manera que los puentes vacacionales dinamicen la actividad turística, en medio de un tráfico demencial y conflictivo, propias de un país macondiano.

 

Entre los días de descanso deseo contar tres escenas familiares para todos y por ello invisibles e indiferentes y cuyos autores principales son algunos miembros de la Policía Nacional.

  1. En medio del viejo y conocido problema de la congestión vehicular en el trayecto norte – sur de la vía Panamericana en el sector la Laguna de Yahuarcocha, cerca de la ciudad de Ibarra, junto al semáforo que genera el problema de congestión, están tres agentes de la policía.

 Dos de ellos conversan de manera amena, intensa y privada, entre tanto el tercero permanece con toda su atención en su teléfono celular, mientras miles de vehículos luchan por avanzar sin que nadie pueda ayudarlos, pues los policías están ocupados en sus actividades privadas, en horas de trabajo.

  1. Una noche en medio de unas fiestas de pueblo, un conductor en avanzado estado de ebriedad, chocó su vehículo contra un poste del alumbrado público y el consabido escándalo. Uno de los vecinos, al tercer intento pudo comunicarse con la policía, para comunicar del accidente de tránsito.

 Luego de una veintena de minutos y ante la impaciencia del vecindario, la persona que atendió el llamado comunicó al vecindario que la policía aún NO podía atender el incidente, porque el patrullero estaba dañado y apenas puedan arreglar la avería mecánica, irían a atender el problema.

  1. Una tarde de feriado, un almacén fue víctima de un asalto a mano armada, la acción de los delincuentes fue rápida y en menos de un par de minutos, los delincuentes cumplieron con su cometido y abandonaron el lugar.

A renglón seguido las víctimas llamaron a la policía que se encontraba a menos de tres cuadras del lugar del hecho delictivo.

La policía llegó luego de unos quince minutos y sin dar explicación de su retardo, inició la investigación, mientras interrogaba a las víctimas el oficial le preguntó a la responsable del local comercial:

      ¿No tiene un papelito, donde anotar?

      Y también, ¿me puede facilitar un esferito?...

 

Estas tres escenas, dibujan en mi mente el estado de la sociedad ecuatoriana, donde tenemos un sistema de gobierno democrático, un ejecutivo diverso y disperso, un legislativo, preocupado en sus propios intereses, infraestructura, recursos, planes de desarrollo, sistema educativo, medios de comunicación, conectividad electrónica, carreteras, transporte.

Sin embargo el país NO camina.

Sus instituciones básicas navegan entre la parálisis operativa y la incertidumbre de mando, por lo tanto deambulan entre el deber ser, la buena voluntad o el quemeimportismo individual e institucional.

Con autoridades que hacen lo posible y lo imposible por cubrir y dejar en la impunidad a los sospechosos de cometer irregularidades en la Asamblea Nacional, investigaciones, juicios, demandas, denuncias, en una especie de circo político que raya en lo ridículo y ofensivo para el ciudadano común, en medio del cálculo electoral de cara a las elecciones del año 2019.

Mientras tanto el pueblo llano, incapaz de reaccionar y levantar su voz de protesta intenta avanzar en medio del el trafico absurdo y demencial de la cotidianidad, ante la incapacidad de las autoridades que deberían responder y solucionar los problemas estructurales y trascendentes del Ecuador.

 

Jorge Mora Varela