Así como la llevamos…

 

LA DEMOCRACIA COMO SISTEMA DE GOBIERNO SE AGOTÓ

 

¿Y ahora qué?

 

Las protestas multitudinarias contra los gobiernos en el mundo parecen indicar que democracia como sistema de gobierno se agotó.

Parecería que hay dos corrientes de pensamiento:

 El de los políticos:

Por un lado los políticos y sus grupos cerrados, excluyentes, que buscan llegar al poder por cualquier medio y creen que ganar la elecciones les extiende una licencia para ejercer la impunidad; para tomar los recursos que les place, negociar sin escrúpulos y sin límite, con sobreprecios, calidades mínimas, sin pertinencia social; vender cargos públicos, lucrar del sueldo de los burócratas más vulnerables, querer eternizarse en el poder y disponer de la vida de sus seguidores como carne de cañón.

Apoyados por sus grupos tentaculares que los deben defender y proteger desde diferentes frentes, desde el poder legislativo, el poder judicial o los grupos civiles que tienen la misión cuasi religiosa de defenderlos inclusive con su propia vida, como si fuesen semidioses.

Gobiernos incapaces de generar políticas que respondan a las demandas sociales impostergables como la de crear y sostener empleo digno y no ufanarse de ser el autor de despidos masivos, lesionando los derechos humanos fundamentales de sus ciudadanos.

El de los ciudadanos:

Por otro lado la sociedad civil que de a poco se va hartando de este tipo de avivatos, una forma humana de elefantes blancos, que utilizan a los civiles en edad de sufragar como “tontos útiles”, para que con su voto coloquen y “legitimen” sus apetencias que nada tienen con las demandas de los ciudadanos.

Si no ¿cómo se entienden las manifestaciones de rechazo a los gobiernos, ya sean democráticos, elegidos en las urnas de tradición estable, recién nombrados, de línea dura, poco democráticos, de corte dictatorial o monárquicos?

Parecería que es una protesta, contra el poder privilegiado abusivo y cínico, que ignora a los ciudadanos, que los mira con desdén, que les pasa la factura por los excesos y las prebendas de los poderosos, por esta razón me permito afirmar que la democracia, esta forma de democracia, como modelo de gobierno, no da más.

Y esto no se resuelve con cambios constitucionales ni con represiones brutales, sino con la manera de entender la política como un servicio público inteligente, sensible y sin privilegios, al servicio de toda la población de los estados en su conjunto.

Es curioso que el denominador común en la clase política a nivel mundial, con contadas y honrosas excepciones es la recreación burda en versión moderna de las monarquías al estilo del Rey Sol Luis XIV y sus séquitos de parásitos.

Véase en cualquier país del mundo: de carácter democrático, socialista, dictatorial, monárquico, como un puñado de privilegiados que disponen de millones de súbitos excluidos, sumidos en la pobreza estructural, pacíficos, obedientes y útiles.

Esta manera de gobernar ya no da más y el mundo exige un cambio radical en el quehacer de la política por efecto del rol activo de sus ciudadanos, que saben que si el gobernante no puede o no quiere responder a sus obligaciones de gobierno, la población civil, tiene la capacidad de imponerse al gobierno que no responda a sus expectativas, necesidades o caprichos, tengan o no razón.

La población civil tiene encontró una manera de potente para ejercer su poder movilizador, más poderosa que las mismas elecciones, el mundo debe inventar una nueva forma de gobierno o se producirá un “caldo de cultivo”, ideal para las guerras civiles o la anarquía o les abrirá espacio a los tiranos sanguinarios que tendrán la tentación de imponerse por la fuerza de las armas, para doblegar a los pueblos que en la segunda mitad del siglo XXI le están ganando la pulsada a la democracia que parece transitar por la obsolescencia, el ocaso y la decrepitud.

 

Jorge Mora Varela