EL OPROBIOSO ORIGEN DE LOS TOROS DE FUEGO DE MIRA

EL OPROBIOSO ORIGEN DE LOS TOROS DE FUEGO DE MIRA

 

En la población de Mira en la Provincia del Carchi, se celebran las fiestas de la Virgen de la Caridad con una corrida taurina, con un toro que tiene su cornamenta en llamas.

Pero ¿de dónde nace esta manera de celebrar una fiesta religiosa?

Fuente: Internet

El investigador español Fermín Mayorga, experto en el tema de la Inquisición y el Santo Oficio en España ofrece datos que permiten entender ciertas tradiciones y costumbres que nacen bajo ciertas circunstancias y que luego se difunde por el mundo sin que nadie recuerde sus orígenes o sus razones y se instalan en cualquier parte, para celebrar cualquier cosa.

 

La Inquisición

La Inquisición española o Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, fue una institución fundada en el año de 1478 por los Reyes Católicos, para mantener la ortodoxia católica en sus reinos. Nacen con los “Autos de Fe” o juicios a los que se sometían a quienes profesaban una fe diferente al catolicismo.

La Inquisición fue un Tribunal creado por el Vaticano para eliminar a las prácticas de fe diferentes al catolicismo, como el Judaísmo, el Islamismo, el Luteranismo o a quienes no creían en la divinidad de Jesús de Nazaret, entonces utilizaron las hogueras para matar a los que pensaban de manera diferente o que a través del terror intentaban persuadir a los no católicos a adoptar su fe religiosa.

“EL CABALLERO DE HOJALATA DEL RIO APAQUÍ Y LA VIRGEN DE LA GRUTA DE LA PAZ”

Jorge Mora Varela

Presenta una enigmática historia del realismo mágico carchense

 

“EL CABALLERO DE HOJALATA DEL RIO APAQUÍ Y LA VIRGEN DE LA GRUTA DE LA PAZ”

Prólogo

Aquel año habíamos decidido realizar el campamento de niños en la casa de retiros de la Gruta de La Paz, que pertenece al Cantón Montúfar de la Provincia del Carchi.

 

Viajamos al lugar en un enorme bus, la nueva sensación nos permitía mirar el entorno como si fuésemos los espectadores privilegiados que pueden apreciar todo desde un balcón de un segundo piso, de manera que cuando el automotor entró al estrecho y precario camino que lleva al lugar del encuentro, desde la parte más alta de la montaña, pudimos observar la dimensión y la abisal profundidad de la cañada, se podía sentir la fascinación que provocaba la vista, en medio del vértigo y temor por lo agreste del lugar, dibuja un paisaje que describe uno de los caprichosos rincones de la geografía carchense.

La presencia cristiana en el sector

A partir de la llegada de los españoles y para huir de los conquistadores, en estas tierras se habían desplazado los grupos de nativos como los “Tuzas” y los “Tuquer” que poblaron estas tierras a manera de refugio natural, recóndito, seguro, placentero y con agua.

La cristianización que vino de mano de la conquista española, se extendió por la región, hasta que en el siglo XIX, la Orden de los Mercedarios se estableció en la zona con la construcción de capillas, por iniciativa y gestión del Fray Mercedario Agustín Valdospinos, ante el Presidente de la Real Audiencia de Quito, Don Melchor Aymerich, en el lugar donde hay una gruta natural inmensa, que los nativos llamaban Rumichaca, en Pialarquer, cuya jurisdicción le pertenecía en ese entonces a la "Villa de Ibarra”.

 

Los Mercedarios

Fundación

Durante setecientos años, entre los siglos VIII al XV, la Península Ibérica fue tierra de disputa entre los cristianos y los musulmanes. En estas batallas los cautivos eran destinados a trabajar como servidumbre y cada grupo buscaba imponer su cultura y sobre todo su religiosa.

Las autoridades políticas y religiosas cristianas buscaban liberar a su gente y ofrecer la redención de esos cautivos y es en este contexto histórico surgió la Orden de la Merced.

SIMÓN Y EL PERTURBADOR SECRETO DEL RIO BOBO

 

De los relatos y leyendas carchenses

 

Jorge Mora Varela, presenta:

 

SIMÓN Y EL PERTURBADOR SECRETO DEL RÍO BOBO

 

“Cuando el hombre realizaba su trabajo, de pronto quedó estupefacto, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo…”

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En el sector de la sierra del Ecuador, el período de vacaciones escolares había llegado y con ello el deseo de aventura se acentuaba en los jóvenes que buscaban los mejores lugares para vivir momentos inolvidables. Para hacerlo, había que madrugar en el frio de Tulcán y requería de determinación y algo de coraje para iniciar las correrías que los muchachos las habían soñado para realizarlas apenas se terminasen las clases y llegase el viento y el verano.

Los mocetones, desde los primeros días de la secundaria, habían escuchado a los que presumían ser los más valientes, alardear de haber nadado en la piscina del Puetate antes de las seis de la mañana…

Este era el momento de ellos, estaban dispuestos a saber si era tan difícil como lo sostenían los más grandes del colegio, por lo tanto los tres amigos se habían citado, prometiendo guardar las reservas del caso para guardar como un secreto a donde iban a ir aquel día a las cinco en punto de la mañana.

Para hacerlo habían acordado encontrarse en el parque principal, e ir a nadar en las aguas heladas de la vieja piscina que se encuentra en el lado occidental de la ciudad a las orillas del Río Bobo carchense.

El parque y las calles de la ciudad estaban vacías, salvo la presencia de un par de borrachitos de los que nunca faltaban en el pueblo. Los muchachos se enrumbaron al suroccidente de la ciudad, para hacerlo, caminaban de prisa y con determinación, cada uno sumido en sus pensamientos, trataban de no demostrar ni un ápice de cobardía ni de arrepentimiento, pues a esas horas hacía un frio penetrante y soplaba un viento gélido.

La Guaca de Santa Rosa

La "Guaca" de Santa Rosa.

Bien sabido es que Doña Fulgencia Benítez (1767-1840) fue la mujer más rica de Tulcán y gozó del respeto y afecto de la comunidad, tanto que en los libros parroquiales aparece como madrina en más de cuatrocientas ocasiones. 

Quedó viuda y al casarse en segundas nupcias se vio obligada a guardar buena parte de su fortuna, dado el constante despilfarro de su marido. 

Ella, una mujer alta, corpulenta, fuerte y trabajadora, dueña de la hacienda Santa Rosa, hizo una “guaca” con tesoros de oro y plata. 

Al paso de los años, la famosa “guaca” de Santa Rosa empezó a arder.

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