LEYENDA PASTO (PICUAQUER)

 

Picuaquer fue un pueblo hermoso por su paz y cordialidad de su gente, formado en su mayoría por casas de bahareque y cubierta de paja, calles desordenadas pero limpias adornadas con plantas y vistosas flores, dándole un toque de ternura y hospitalidad, sus moradores vivían felices, compartían cosechas y festejaban juntos las fiestas o culto a la siembra, el agua, al sol; existiendo equilibrio, cariño y respeto mutuo.

Los moradores habían elegido a sus gobernantes; un hombre y una mujer, sabios que dirigían y orientaban al caserío en forma eficiente, los problemas eran solucionados de inmediato practicando la justicia e igualdad para todos.

Como siempre no faltaron ciertos hechiceros envidiosos que su maldad no tendría límites, un día llegaron a Picuaquer algunos brujos despiadados que vivían en otras comunidades y pensaron en hacerle un grave daño al pueblo, así comenzaron a realizar hechizos para que se produzca deslaves, torrenciales lluvias, la montaña tiemble y desaparezca a Picuaquer y su gente.

Un día en el cielo azul, aparecieron dos dioses en forma de cóndor y con una voz lastimera anunciaban a sus gobernantes y a la comuna que se alejen, huyan porque algo malo iba a ocurrir, de pronto comenzó a llover poco a poco pero sin descansar por varios días, siguió bramando la tierra, se produjo deslaves, avalanchas, la lluvia se tomó fuerte y violenta, se desbordaron los ríos hasta que el pueblo desapareció por la furiosa naturaleza. Los dos jefes o jóvenes gobernantes desesperados pidieron a los dioses los proteja del hechizo, entonces algo mágico se produjo, la pareja se convirtió en guiragchuros brillantes como el oro y volaron hacia los páramos y serranías, multiplicándose por toda la región con su canto maravilloso, recuerda a la gente de Picuaquer que volverán y que no han perdido la esperanza de algo maravilloso, reconstruyan el lugar querido, reinando la paz, el trabajo y todos sean guiados por los cóndores, dioses de la libertad y la fuerza mágica.



(Luis A. Ibarra)

 

Fuente: Autoretrato del Carchi Vol 2.  de Luis Rosero Mora