Jorge Mora Varela, presenta:

Una historia de misterio entre el mundo de Simón y el Medio Oriente.

 

EL TÚNEL Y EL ENIGMA DE LOS JÓVENES.

 

El joven y la bellísima mujer

El joven y la muchacha jugueteaban en el campo, ella una mujer bellísima, con la sensualidad a flor de piel, él con todo el vigor de la juventud, alto, fuerte, determinado, como si el mundo fuese solo de ellos danzaban entre la maleza vecina al rio, su risa cantarina se perdía entre los árboles, ella corría y lo hacía con encanto y con una carga de erotismo indescriptible y él intentaba atraparla para abrazarla y besarla con toda la fuerza del deseo.

Cuando el sol rayaba en lo más alto del cielo, la mujer lo tomó de la mano y mirándolo con pasión, le susurró algo al oído y lo llevó entre la maleza y entraron a lo que parecía un escondite secreto y de nuevo el entorno volvió a la armonía natural del lugar en el que solo se oía el rumor del rio que se abría paso entre las piedras.

 

Los paseos por el río

El verano fue largo y extremo, de tal manera que la vegetación que de forma habitual cubría y determinaba el paisaje, desapareció; dejando al descubierto un nuevo paisaje, desolado, amarillento, desértico, diferente. Para mis perros y para mí fue una oportunidad para conocer de manera diferente los accidentes geográficos que aparecieron con la temporada seca.

Una mañana salimos a correr como lo hacíamos siempre y al virar por el sendero alto, para encontrar una planicie abandonada, nos llamó la atención una entrada que jamás habíamos visto, llegamos al lugar, parecía un túnel obscuro, profundo, entramos en él y mientras Simón estaba atento a lo que pudiese encontrar, Antonia estaba aterrada y quería salir de ese lugar que permanecía en penumbra a como dé lugar.

 

Entonces todo parecía moverse, como si el túnel hubiese entrado en un remolino que nos envolvía, al tiempo que se escuchaba un sonido grave, profundo, ronco, insoportable.

Los tres salimos a toda prisa y nos lanzamos fuera de aquel extraño lugar y al hacerlo todo volvió a la normalidad, desde fuera no pasaba nada.

 

El viaje a los países del misterio

La universidad, donde yo laboro, organizó un viaje fabuloso para los profesores que estuviésemos interesados. Una visita al “Medio Oriente”.

Nos preparamos con todo el entusiasmo para este viaje que prometía conocer lugares cargados de historia, de cultura, de arte, pero no imaginábamos que también tendría mucho de misterio y de aventura.

Los primeros días la expedición académica estuvo dentro de las expectativas, sin embargo con el pasar de los días, yo sentía que alguien me miraba. Yo sabía que eso era imposible, porque las ciudades estaban lejos de mi entorno, además tenían muchísimos millones de habitantes y nos movíamos con frecuencia, entonces pensé que todo obedecía a alguna paranoia producto de mis fantasías y complejos.

Aquella tarde mientras paseábamos por el maravilloso canal, ante el asombro y temor de mis compañeros de viaje volví a sentir esa especie de remolino y aquel sonido grave, profundo, ronco, insoportable, que hace tanto tiempo lo había escuchado en el bosque de mi pueblo, mientras paseaba con mis perros.

 

Aquella noche un hombre del lugar, mientras estábamos en una celebración y mientras fingía saludarme me dijo al oído, “nunca debiste haber huido del túnel del tiempo y del espacio” y peor “nunca debiste haber venido a estos lugares”.

 

En las visitas a los lugares históricos de las civilizaciones antiguas sentía la presencia de personas que susurraban a mi oído palabras que yo no podía entender y cuando regresaba a mirar, no había nadie, estaba solo.

Mi esposa trataba de tranquilizarme y para hacerlo, ella procuraba que mirásemos juntos los jeroglíficos que contaban la historia de aquellos pueblos que vivieron hace unos cuantos miles de años.

En la pared más alejada de uno de los templos antiguos y en la parte alta de la misma aparecieron unos dibujos realizados hace más de tres mil años; que me paralizaron. Estaban dibujados los rostros de los jóvenes de mi país, que en algún momento desaparecieron sin dejar rastro y en la parte más alta en forma de divinidad estaba una joven y bellísima mujer que yo podía asegurar haberla visto no hace mucho tiempo atrás, por las calles de la ciudad dónde yo vivo.

 

En un momento y sin desearlo me encontraba solo, entonces un beduino, me dijo toma la carreta y déjate llevar donde “El Dios del Tiempo y del Espacio”, porque él quiere hablar contigo.

Así lo hice, subí a la carreta y el caballo emprendió una veloz carrera por senderos que me parecía pasaban demasiado a prisa, como si desafiasen las leyes universales del espacio-tiempo y sentía que viajaba a dimensiones extrañas y desconocidas.

 

En un abrir y cerrar de ojos llegamos a un templo gigante, me encontraba solo y podía escuchar una voz atemorizante que me ordenaba alejarme y no volver a hablar jamás "del túnel del tiempo y del espacio", de la hermosa mujer, de los jóvenes que no volvieron nunca a casa, o caso contrario me buscarían para quitarme la vida de manera extremadamente lenta, dolorosa y cruel.

 

FIN.