RESPONDIENDO A LUIS VASQUEZ (CUESTIONARIO II)

1). Miguel Bolaños: Arcadio Pasto, pastor de letras, argonauta del verso, poeta místico, poeta del misticismo o ¿Cómo mismo se te puede decir – llamar?

 

Si bien he caminado por todos esos nombres, por todos esos decires, día tras día he ido evolucionando en mi estilo, estoy evolucionando con mi espíritu y alma también; ya no soy un poeta, ya no soy un alma pasto, YO SOY EL QUE YO SOY. Ahora que lo místico corre por mis venas, ya que de manera mistérica el Absoluto se encierra dentro de mi Ser, sería conveniente olvidarse de esos títulos y decires; ya no soy ninguno de ellos. Creo que la mejor salida para este dilema sería llamándome por el nombre terrenal con el que mis padres, igualmente terrenales, me bautizaron; ya que se aproxima a mi verdadera naturaleza y desenvolvimiento, este es Miguel Ángel, que proviene de las siguientes raíces

 

Mikha_el (hebreo), que significa “Dios es justo”

Angellos (griego), que significa “mensajero” (visto desde el lado divino)

 

Siendo para mí humilde opinión humana “EL MENSAJERO DE UN DIOS JUSTO”, la solución o respuesta a la pregunta planteada.

 

DELIRIO

Que no quiero desquererte,

amor mío,

que no quiero desvanecerme

con un suspiro.

 

Que no quiero pedirte mis besos

ni mi cariño,

que no quiero escribir en versos

este delirio.

MAGIA Y UNA TORMENTA

Fuego en el viento de este hielo páramo

que me instiga a convocar ancestros magos,

acayote y secretos del tálamo

se presentan en el embrujo de los lagos.

 

Manos al cielo y atrayendo rayos,

¡centellas en mis ojos y temblores de Gea!,

existen las maravillas contadas por lacayos

para que los que no miran, Vean.

 

Cerros de poder y lugares de Luz,

palabras viejas y corroídas de los grimorios,

demonios seductores esclavos hoy de una virtud,

mensajeros invisibles de eventos mortuorios.

Extracto Mi deseo por esta noche II parte

Noviembre 17 de 2003

 

            Cuando empezó a llover las llamaradas de gloria a un canto de los tiempos de Acuario, besaste mis párpados despiertos, pero soñando con la Iniciación en los misterios.

 

            El mago encarnaba las fuerzas en este pobre cuerpo decadente que tú lavaste con gran trabajo allá abajo en la Estigia.

 

           Me alejé en medio de las saladas ondas del mar en brazos de la Stella Maris, y me rodé con mis sueños por ahí, en la secreta casa de Kéter, el Anciano de los Días.

 

            Deseé los labios tuyos para dormir nunca y lograrme loco, estrictamente loco de amor como para arder y quemar mi propio cuerpo, mismo que una vez ya murió.

Más artículos...