Cuentan por ahí; mejor dicho, me lo cuento yo mismo, que hace muchos dilatados años atrás, los grupos indígenas gozaban de bienestar, paz, y alegría durante todos sus días. La naturaleza y ellos estaban en armonía; la tierra les regalaba bondadosamente muchos frutos, mucha comida vegetal deliciosa y las aguas cristalinas del cielo fecundaban convenientemente el suelo de los territorios Pasto.

 

Aquellos ancestros guardaban mucho respeto y amor por el padre sol y la madre luna; por el poderoso trueno que era la voz del dios misterio, entre otras dignísimas divinidades; mas sin embargo, no había entre ellos, hombres o mujeres de poder, más que los curanderos o adivinos. No existía aún, alguien que les comunique la voluntad de los dioses de una manera más clara y directa. Quizá el dios misterio reservaba algunas sorpresas para una historia que sería escrita muy después de aquel entonces.

 

 

Parecía que todo era perfecto, pero no era así. En el inframundo, se fraguaban planes nefastos entre los terribles demonios, quienes ardían de envidia por la vida de los humanos que habitaban especialmente en las tierras altas, en las tierras donde el espíritu del volcán Chiles era el abrigo de los corazones de los antiguos pobladores del Carchi.

 

Los adivinos rumoreaban siempre en la noche y ante el fuego tribal a sus oyentes, que habría un día en que desde las entrañas de la tierra, escaparían los demonios de su eterna cárcel para atemorizar al hombre, para devorar su alma y someterlo para siempre a sus caprichos y maldades.

 

Así pasaron muchas lunas hasta que llegó la noche del día en que finalmente la visión de los adivinos se concretaría de una forma completamente nefasta...

 

Salieron muchos espíritus oscuros y terribles del inframundo mientras los mortales dormían; y, los malditos y odiosos demonios arrebataron la vida de todo primogénito de los jefes tribales o curacas. Fue una noche horrible, llena de espanto, una noche en la que nadie pudo hacer nada por contrarrestar semejante ataque de los oscuros.

 

Fue así como empezaron las cosas aborrecibles, las cosas malditas entre los pueblos de aquellas épocas.

 

Parecía que los dioses habían estado muy ocupados en otras cuitas del cosmos y no llegaba hasta ellos el clamor de la sangre del hombre, el clamor de su alma sumergida en la angustia. Quizá era porque la voz de los antiguos Pasto no lograba traspasar las barreras de la distancia de los universos.

 

La raza de caídos del submundo, día a día atormentaba a todos con más fiereza y rabia. Se ensañaron con los mortales haciéndolos penar enfermedades, dolores y angustias; durante mucho, muchísimo tiempo.

 

Para cuando los divinos se dieron cuenta, ya la tierra se había convertido en un frío yermo, donde el hombre prefería a la madre muerte y la buscaba.

 

Fue entonces que madre luna y padre sol decidieron enviar al primer hechicero hacia las tierras altas del volcán Chiles, para hacer frente a la raza de crueles seres infernales.

 

Cuenta el dios misterio, que en una noche tormentosa, madre luna y padre sol bajaron sus reflejos en compañía de los iracundos rayos hacia las lagunas verdes, para que estas parieran al niño entre poderes majestuosos y sin igual.

 

Dice el dios misterio que este niño fue bautizado como "Chuil", el hechicero que mediaría posteriormente entre los Pasto y sus dioses, quien los defendería de las malas intenciones de los demonios.

 

Chuil creció y se hizo hombre al poco tiempo de haber nacido -dice el dios misterio-, escondido bajo la neblina del bravo volcán Chiles; y apenas habíase hecho adulto salió del páramo para enfrentar a cuanto demonio se presentase en su camino.

 

Anduvo por toda la tierra acompañado por los rayos que era capaz de desatar con sus propias manos; persiguió a los espíritus infernales y los combatió a todos en singulares batallas por muchos años. Y durante su paso visible por el suelo de los Pastos, que ocupó el tiempo de la guerra en contra de los peligrosos demonios, cuenta el dios misterio que los hombres miraban sorprendidos cómo este poderoso hechicero derrotaba momento a momento a los espíritus oscuros; que en ese tiempo sólo se miraban rayos, se escuchaban truenos, los vientos eran terribles puesto que estaban iracundos como los huracanes; y, al llegar la victoria de Chuil sobre los demonios, se había desatado una lluvia de fuego para desterrar para siempre a la raza caída y odiosa de aquellos que espíritus oscuros que oprimieron al hombre durante tanto tiempo.

 

Las crónicas de todas sus batallas están perdidas en los susurros del páramo, sólo hace falta que alguien, lo suficientemente instruido, vaya y logre escuchar la voz de los elementos cuando conversan entre ellos y el dios misterio.

 

Luego se supone que ya no fue visto Chuil, y que habría dejado su hogar en las faldas del Chiles para ir a hacer su hogar al sur del Carchi, cerca al río Cambi. Que lo último que se supo de él, fue que enfrentó a una bruja de nombre Caushe para rescatar a Walcha, la joven hija de un curaca de nombre Ampuciu, quien se comunicó con él por medio de sus chamanes.

 

Se dice, o mejor dicho, me lo digo yo mismo, que existe una puerta misteriosa por las faldas del volcán Chiles que sirve para entrar en el mundo de Chuil, el hechicero del páramo, y hablar con él... …pero dicen, mejor dicho, me lo digo yo mismo, que la ida no tiene regreso.