Los sueños de ti me despertaron al amanecer,
al florecer el saludo del sol con los sonidos del silencio;
y hasta me pareció verte como un ángel y resplandecer,
al parecer, como las estrellas divinas de todos los cielos.

Y fue la voz mirífica del misterio en tus labios
que de santos sabios tomó el verbo mágico,
para encantarme el alma por miles de años,
en años eternos de fuego divino y plácido.

 ¡Ay de mi blanca piel al sentir tanta gracia!,
si es falacia de mi mente esta locura loca de poeta,
una eficaz saeta que trae para mi dormir la desgracia,
fatal destino como el morir de un anacoreta.

Qué dirán las arenas del tiempo sin prisa,
cuando esta brisa caiga en este bosque milenario,
muero por no morir sin antes llevarme tu sonrisa
a guisa de musa y sonidos del campanario.

Por: Miguel Bolaños Vela (Angelus)