Yo.- Ven al camino de mi piel en el crepúsculo. Otra vez y otra vez, la espuma del océano me hace dar cuenta que tus labios buscan con desespero el amor mío. Toma amada mía la visión de mis deseos.

 

Ella.- En este momento no puedo romper el fuego que se apodera de mi ser, para adueñarme de tu piel que desgarra el ardiente amor. ¿Qué puedo depositar en tu eternidad y placer?

 

 Yo.- Entonces que sea la magia quien se encargue de traerte furtivamente el alma para satisfacer el fuego que consume mis ganas de enredar mis dedos en tu cabello y accidentar mis besos en el delirio de tus dulces labios.

 

 

Ella.- Entonces precioso mío, esperemos con ferviente anhelo ese día mágico en donde juntos los dos, vivamos esa lujuria y pasión llena de Amor…

 

Yo.- La espera queda en razón del Dios de las Mil Risas. En la madrugada, los oleajes de tu cuerpo desnudo te darán cuenta si ya es la hora de nuestro misterio maravilloso para que queden muertos en el cielo, tu espíritu y el mío.

 

Ella.- El simple misterio, amado mío, sólo se vive en la inmensidad del cielo azul, en donde juntos caminaremos por los rincones del Amor.

 

Yo.- Bienamada la muerte de mi psiquis el rato que te acojas al ritmo de mi desnuda emoción de llegar a la gloria, justo cuando tu ser y el mío se bendigan en la luz.

 

(Rossy Vallejo y Miguel “Ángelus” Bolaños)