A mi hijo Jorge Humberto y en él un homenaje

al mejor de los regalos que puede recibir un ser humano

 

Mi hijo y la música del viento.

 

Pequeño soñador,
retador inconsciente de la vida.

Con pocos años, ya tienes un oficio,
el de ser atrapador de los sonidos de la vida.

De manera sorprendente apresas el silbar de la montaña,
y el murmullo de una noche de mi pueblo.

El correr alegre de las aguas cristalinas del riachuelo,
la risa inagotable de todos los amigos.

Con tus manos en complicidad de tu corazón,
construyes sinfonías que se mezclan con el viento.

Para encantar mis oídos y hacerte mi dueño y centinela,
desde aquel tubito de madera con orificios en el medio.

Las notas musicales que repican vigorosas,
se que las tomas de mi corazón.

Que al ponerlas al alcance de mis oídos me sobrecogen,
y reestreno de tarde en tarde la alegría contagiosa de la vida.

 

Por: Jorge Mora Varela

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