Que me entierren de pie.

 

“Dedicado:

A quienes no claudican,
ni se humillan,
ni se venden.


Que me entierren de pie,
con la frente en alto,
de cara al monte blanco
que la recompensa es libertad. 

 

 

Porque no me han vencido ni tan siquiera:
Cuando he debido laborar encadenado a un escritorio y una silla,
vigilante persistente de los números,
que hablaban de las cuentas del patrón,
albacea de la fortuna de quien paga mi salario.

Cuando he debido rezar hincado de rodillas,
cuando he debido bajar la mirada,
obediente al intermediario del Señor,
para comprar por unos centavos su perdón.

Cuando el espejo ha sido testigo,
del paso lento de los años,
que ha teñido de blanco mi cabello, y
ha surcado profundamente mi frente.

Porque se del sentido de la vida,
que no acaba en la miseria de la jubilación,
ni en las misas por las que tengo que pagar,
y tampoco por un espacio en un sepulcro

Por eso:

Que me entierren de pie,
con la frente en alto,
de cara al monte blanco,
que la recompensa es libertad.

 Por: Jorge Mora Varela