Dedicado a la memoria de mi abuelo, y en él a aquellos hombres que llevaron de la mano a un niño por los primeros senderos de la vida en el parque principal de la ciudad de Tulcán.

 

El parque y el abuelo.

 

Oye abuelo llévame al parque,
por favor, como todas las tardes,
correr entre los árboles y caminar tu y yo, y,
que me cuentes las historias que me gustan.

 


¿Oye abuelo como se llama la señora de estatua?
¿es cierto que se llama América?
¿es verdad que ella nos dio la libertad?
¿sabes quién la subió hasta lo alto?

 


Mirándolo con orgullo le decía al pequeño niño,


Otros pueblos la llaman “La Independencia”, sabes,
pero nosotros nacimos, somos y seremos libres,
llevamos en la sangre “La América Soberana”
y por eso esa mujer nos identifica como pueblo en libertad.


Así entonces de tarde en tarde el paseo por el parque,
era una lección entrañable de civismo y patriotismo,
matizada por la banda de música a la hora de la retreta,
que tallaba en la memoria hermosas y perennes melodías.


Fueron lecciones de historia y de identidad
que fueron forjándose cogidos de la mano
unidos por lazos de curiosidad y de sabiduría,
un niño de cara a la vida y el abuelo de frente al ocaso.


Con el paso de los años, cuando paseo por el parque con mis hijos,


Me encuentro, me reconozco y me identifico.
en el parque que tenía todo lo que necesitaba para ser feliz,
resbalosos, caminos, bancas, árboles y un hermoso monumento,
y al recuerdo de mi abuelo en el parque principal de Tulcán.

 

 

Por: Jorge Mora Varela