Al Guagua Negro

 

Dedicado a los jóvenes tulcaneños, que descubrieron su fuerza de carácter, cuando subieron por primera vez al Guagua Negro en bicicleta.

 

Jorge Mora Varela

 

Con el corazón que golpea con vehemencia,

y el frio sempiterno que va dejando su huella,

que se entrelaza entre mis dedos,

con los que me aferro con decisión el manillar.

 

 

Había que esperar algunos años

Para mirar desde el sillín de mi primera bicicleta

al camino que parece que se aleja

y se enreda jugueteando en la montaña,

 

Esta mañana debo saber si tengo el alma de acero,

capaz de enfrentarme a la carretera,

y pedalear sin renunciar y sin descanso,

para tocar las nubes con mis manos.

 

Soy de Tulcán y debo llegar al Guagua Negro,

es parte de haber nacido en esta tierra,

recorrer la ruta de mis héroes y solo hacerlo,

sin preguntas, sin pretextos.

 

Entonces la primera pedalada,

una bocanada de aire helado,

mientras queda como testigo

el obelisco, símbolo de la tulcaneñidad.

 

La carretera, deja sentir su rigor,

se empecina en mostrarse erguida,

que se esconde entre retazos de tierra negra,

unidos por cordeles verdes.

 

En mí se plantea por primera vez una lucha de identidad,

o dejar de pedalear y poner el pie en tierra,

de olvidar mis raíces y volver la vista atrás,

o de morder mis labios y avanzar hasta el final.

 

De a poco se van rindiendo las curvas, como huellas imborrables,

y a lo lejos un par de frailejones, aparecen con su melena al viento,

la montaña se despereza, me mira y me sonríe.

porque estoy a punto de conquistar el Guagua Negro.

 

Ya no es posible pensar en el fracaso,

al alcance de mi mano está el punto de mis sueños,

una sensación de logro me llena de alegría,

y el paisaje crece, como crece el infinito.

 

Solo queda poner el pie en tierra,

persignarme y dejar que unas gotas de sudor que bañen mi rostro,

y que se dejen caer para incrustarse en el pavimento.

mientras con extasío puedo admirar el paisaje.

 

 

Puedo sentarme al filo de la carretera,

mirar el paso los buses, donde van los jóvenes,

con la mirada hacia adelante, sin culpa y sin mirar atrás,

todavía no lo entiendo, porque es mi momento de volver.

 

Sin prisa subo a la bicicleta, y solo me dejo llevar,

mi ciudad, aún lejana, brilla a lo lejos como perla nacarada,

parecería que puedo volar, suelto el manubrio y abro mis brazos,

mientras vivo intensamente el aroma de la libertad.

 

Mientras se mece la bicicleta y somos una sola melodía,

martilla en mi pensamiento, la dimensión del horizonte,

me intriga más la forma de irse de los jóvenes,

entonces estoy listo para cuando ya no tenga  prisa por volver.

 

Porque el Guagua negro, aprobó mi fuerza de carácter,

pude vencer el serpentín que lleva al infinito,

porque, mi tierra, me templó de esa manera en el arte de vivir,

y siempre me abrirá un espacio generoso cuando ya no tenga que partir.