El domingo 27 de abril es un día de fiesta para la Iglesia Católica, dos de sus hijos más destacados son elevados a los altares en calidad de Santos, ellos con sus actos cambiaron para bien el mundo católico de manera radical y definitiva.

 

JUAN XXIII Y JUAN PABLO II

 

DOS SANTOS IMPRESCINDIBLES PARA EL SIGLO XXI

 

Juan XXIII, Angelo Roncalli el niño de apenas 10 años, que soñaba con ser “un pobre sacerdote de pueblo”, en base a su fe en Dios, inteligencia y compromiso solidario con la gente de su nativa Italia, de Bulgaria y Turquía, llegó al  Papado en el año 1.958 a la edad de 77 años y lo fue por cinco años, llegó como un Papa de transición y se propuso llevar a efecto un Concilio Ecuménico, con cerca de 2.000 obispos de todo el mundo, delegados de otras religiones y 23 mujeres, organizó en tres años lo que se convertiría en el acontecimiento más importante de la Iglesia Católica en la edad moderna, EL CONCILIO VATICANO II, que sacó a la iglesia del Medioevo y modernizó el mundo católico. Puso al centro el pueblo de Dios y a la Iglesia al servicio de la humanidad; con actos concretos, entre otros: las misas en los idiomas nativos, el rol activo de los seglares incluidas las mujeres, respeto a las otras religiones.

 

Juan Pablo II, Karol  Wojtyła, polaco, que soñaba con ser actor de teatro, deportista, escritor, estudió en un Seminario Clandestino en su país natal, fue nombrado papa a la edad de 58 años, durante su papado de 27 años fue uno de los líderes más influyentes del siglo XX, llevó su mensaje evangélico a 129 países, hablaba  al menos 12 lenguas, lo que lo hacía un papa muy cercano a la gente, beatificó a 1.340 personas y canonizó a 483 santos, a su muerte en el año 2005, el pueblo lo había declarado como santo.

 

Creo que es un acierto del catolicismo poner en los altares a dos figuras que están llamados a ser la guía y el referente de un conglomerado diverso en un siglo de cambios acelerados, de más de mil doscientos millones de fieles. Mis parabienes a la Iglesia Católica universal, porque de su fuente siguen naciendo testimonios iluminantes de la presencia de Dios.

Jorge Mora Varela