Terminamos el período académico y en la pizarra había una serie de anotaciones relevantes del tema tratado, al finalizar la jornada, los estudiantes, levantaron su celular y tomaron una fotografía de las anotaciones, uno de ellos dijo, ya lo subí al “face” y salieron del aula de clase.

 

 

Los útiles, las tareas escolares, los ciber estudiantes y los profesores retro.

 

Me llamó la atención, la facilidad y velocidad para hacer y enviar las fotografías digitales de mis apuntes en la pizarra y me sentí “desnudo”, porque hacían público mi conocimiento, infalibilidad y poder como profesor indiscutible de la cátedra.

 

La utilización de los gadgets, dispositivos electrónicos, con funciones específicas, prácticos, fáciles de adquirir, de usar, de portar, a disposición de los estudiantes, es preocupación general y se asumen distintas posiciones, como las de prohibirlos de manera terminante en las aulas de clase, o la de ser permisivos en su uso, sin limitaciones.

En contraste con la lista de útiles escolares que siguen insistiendo en elementos que de a poco tienden a la obsolescencia como las resmas de papel bond tamaño oficio, tamaño, carta y A4, el compás de precisión, el juego de curvígrafos, docenas de cuadernos de líneas y de cuadros, el borrador de tinta el estilete de acero, los juegos de rapidógrafos, de escuadras, reglas, pliegos de papel periódico, caja de colores de 36 unidades, amén de plastilina, vasos, pegamentos, papel crepé, cartulinas de colores y tamaños diferentes, etc, etc, etc……..

Y quien tiene la razón, los ciber estudiantes cargados de gadgets, (tablets, celulares con internet y con ello el acceso a millones de fuentes interactivas, cámaras fotográficas y de video, música, acceso a redes sociales, ubicación satelital) o los profesores retro y sus listas kilométricas de útiles escolares imposibles de usar e un año lectivo.

Me parece difícil encontrar un punto de equilibrio entre lo prudente, sabio, adecuado y útil, de frente a estudiantes que se forman para el futuro y que deben responder a la realidad de crecer y construír su vida, con las herramientas que les debe dar una educación que debe ser inclusiva, solidaria, que le permita acceder al mundo del trabajo significativo, comprometido consigo mismo, su familia, su entorno y su identidad en un mundo global, interconectado, cada vez más pequeño e invasivo.

 

Jorge Mora Varela