El primero de mayo, día universal del trabajo, me gustaría compartir algunas reflexiones que resultan de la invitación del Papa Francisco a los presidentes Rafael Correa y Evo Morales como ponentes en la Pontificia Academia de Ciencias Sociales del Vaticano, al conmemorar los 25 años de la Encíclica Centessimus Annus del Papa Juan Pablo II.

 

EL PAPA FRANCISCO Y SUS AMIGOS

La invitación del Papa Francisco a dos de los líderes latinoamericanos alineados con una visión de corte socialista en América Latina, tuvo el objetivo de analizar y actualizar la propuesta de la Doctrina Social de la Iglesia propuesta en la Encíclica Rerum Novaurm del Papa León XIII en 1891 y de la Encíclica Centésimus Annus del Papa Juan Pablo II del 1981, con ello evidencia el golpe de timón hacia la izquierda que impulsa el Papa Latinoamericano, respecto al rol de los poderes políticos y financieros en el mundo y su impacto en el ser humano.

La Encílica Rerum Novarum (Del latín: De las cosas nuevas) es el primer pronunciamiento social de la Iglesia Católica, que fue promulgada por el Papa León XIII en el año 1891. Fue una carta abierta en el que manifestaba su apoyo al derecho laboral y se reafirmaba en el derecho a la propiedad privada.

 

La Encíclica Centesimus Annus del Papa Juan Pablo II, reafirma la importancia de la Rerum Novarum entre otras cosas, sobre la dignidad del trabajador, el trabajo digno, el derecho a la libre asociación y la importancia de la propiedad privada y su función social, pues sostiene que el desarrollo económico es connatural a la existencia humana, que deviene de un imperativo divino, que compromete a una conciencia cristiana bien formada; además reitera su rechazo al socialismo colectivista y a los errores de los sistemas marxistas en la historia europea del siglo XX.

Sin embargo el primer Pontífice Latinoamericano Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, quien según sus propias palabras “desearía una Iglesia pobre para los pobres”, en el mes de abril de año 2016, invitó a los líderes del socialismo latinoamericano Rafael Correa y Evo Morales como ponentes en la Pontificia Academia de Ciencias Sociales del Vaticano.

El Presidente Boliviano, con una presencia más simbólica que conceptual y el presidente ecuatoriano, quien realizó una serie de reflexiones y análisis históricos a partir de los años 80 del siglo XX con los cambios políticos e ideológicos que desembocaron en un sistema capitalista injusto, inequitativo, cruel e inhumano, donde el Consenso de Washington permitió que organismos como El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional impusieran los consabidos ajustes estructurales y la disminución del estado, que desembocaron en una espiral de desigualdad, entre los poquísimos ricos y las grandes mayorías pobres, en contraste con países como Dinamarca, que con la tasa de impuestos más alta del mundo ha podido desarrollar la sociedad más equitativa y el “más alto estado de bienestar y de felicidad”.

Correa subraya el potencial de los bienes ambientales y su gratuidad, mientras el conocimiento se privatiza en beneficio de unas cuantas transnacionales. Por ello propone la economía social del conocimiento, que impida privatizarlo, para el bien de todas las personas.

Propone recuperar el poder político en lugar del poder financiero, que permita marcar la supremacía del trabajo humano sobre el capital, con salarios dignos, estabilidad laboral, seguridad social, ambientes saludables de trabajo. Aboga por la libre disponibilidad del conocimiento, la ciencia y la tecnología y la libre movilidad humana, propuesta ya por el Papa Juan XXII a mediados del siglo XX, donde sea posible el desarrollo de sociedades con rostros humanos.

Creo que el Papa Francisco y sus amigos buscan impregnar en la doctrina social de la iglesia, algunos valores del socialismo que no fueron tomados en cuenta en los siglos XIX y XX, por culpa de los fantasmas Marxistas y comunistas que atemorizaban los imaginarios de los jefes de gobierno y de la iglesia Católica de aquellos tiempos.

 

Jorge Mora Varela