Laborar en una carrera como el LEAI, con características multilingües, multidisciplinarias y multiculturales en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, tiene un estupendo efecto integrador.

Rompe de manera placentera la tendencia al encerrarse en el “campanilismo” (término originario de la cultura italiana y que explica al exagerado apego de algunas personas a su pueblo de origen, a su propia ciudad o su país, a su idiosincrasia y a sus tradiciones),

De modo que aprender en un escenario “multi”, permite abrir la mente, activar las alas y agudizar la mirada para observar más allá de los límites del contexto y la historia individual, para crecer e inclusive para tener otras perspectivas y referentes para mirar el mismo lugar de origen.

Entonces todos los caminos de bifurcan, seducen, intrigan e invitan a caminar, a mirar, a conocer. Uno de ellos nos llevó a visitar un lugar fascinante, encantador y vital.

LA MEZQUITA

KHALED IBN AL WALID

CENTRO ISLÁMICO CULTURAL DE LA CIUDAD DE QUITO

La oportunidad se generó como producto de la capacidad creativa, propositiva y abierta de la Magister Rocío Yépez, Coordinadora de la enseñanza de Español para extranjeros de la PUCE, en una reunión académica con algunos amigos del mundo musulmán.

Elegimos el día domingo por la mañana para visitar un lugar hermoso; para nosotros lleno de misterio, con personas dedicadas a una serie de actividades, algunas familiares como el conversar, reír y otras que expresaban una manera especial de observar sus propios ritos religiosos, de llevar sus prendas de vestir, de observar una conducta reverente frente a sus valores sagrados.

Fue placentero encontrarnos con personas cordiales, abiertas para hablar y para escuchar, a contar sus propias historias de vida, a compartir sus expectativas de vida en un país extraño al suyo, a conocer sus esfuerzos por integrarse, por conocer nuestra lengua y cultura, su determinación para conservar sus idiosincrasia, su religión y sus valores fundamentales.

Su disposición para escuchar a sus visitantes y a ofrecer su actitud generosa, que se manifiesta al compartir sus alimentos y lo más valioso para ellos la religión Musulmana con su texto sagrado, “El Corán”, presente en todos los países del mundo y que cubre alrededor del 20% de la población mundial.

Al terminar la visita, nos acompañaba una sensación de alegría y gusto por haber tenido un primer encuentro con personas con rasgos diferentes, pero tan similares como seres humanos.

Mientras nos alejábamos de la mezquita, tratábamos de memorizar algunos de los nombres de su cultura como Mohamed, Abdul, Farid, Hassan, Naym, Omar, Maryam, Ghaada, Fatima, Raissa, entre tantos.

 

La forma de sus letras y palabras, aquellas que suenan como en nuestro alfabeto y las otras que debíamos aprender a pronunciar y con ello el deseo de aprender su lengua, la manera de expresar sus ideas, su relación con Dios, con su familia, con su comunidad, con el mundo.

Entonces se cumple la premisa, que ofrecen los caminos cuando se bifurcan, nos regalan espacios, la oportunidad de conocer personas o situaciones que nos sorprenden, nos invitan a mirarlos y conocerlos; uno de ellos nos llevó a un lugar fascinante, encantador, vital como el mundo Musulmán porque en eso consiste vivir en entornos globales y mundializados que ofrecen las carreras multilingües, multidisciplinarias y multiculturales.

 

Jorge Mora Varela