• “Ya ven a la casa, gritaba mi abuela desde el portal de la casa.
  • Pero abuela, “los astronautas están en la Luna”.
  • “Eso es mentira”, aseguraba ella.
  • “y sin embargo están en la Luna”, le respondía yo en voz baja.

EL NIÑO Y LA LUNA

1969 – 2019

Como si hubiese sido ayer, son 50 años, desde que los astronautas norteamericanos, Neil A. Armstrong, Edwin E. Aldrin Jr., a bordo del Apollo 11 arribaron y se posaron sobre la Luna, mientras que Michael Collins, giraba en la órbita lunar, en el módulo de mando, el primer hombre en poner sus pies en el satélite de la tierra decía: "Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad".

 

Tuve la oportunidad y el privilegio de tener la conciencia suficiente, para ser testigo de esta proeza humana y lo hice desde el parque principal de mi pueblo y pude maravillarme desde la ingenuidad de mi niñez del poder del que somos capaces los seres humanos.

No tenía la capacidad, para entender las motivaciones, causas y consecuencias de la guerra fría, ni de los horrores de las guerras mundiales que marcaron la historia del siglo XX, pero los logros de la ciencia en la conquista del espacio, marcaron de manera definitiva mi manera de pensar.

En mí niñez, estaba lejos de tomar partido por el capitalismo o por el socialismo, por los Estados Unidos o por la URSS, por Roosevelt o Stalin, por Kennedy o por Kruschev, solo me sentía maravillado con la capacidad humana, para realizar hazañas increíbles, que superaban la posibilidad de comprensión y de credibilidad de algunas personas.

Crecí con las hazañas que podían pertenecer a la ciencia ficción como las de los cosmonautas soviético Yuri Gagarin quien pudo por primera vez mirar el cielo y la tierra desde el espacio y yo trataba de imaginar el alcance de sus palabras, “La Tierra es azul. Qué bonita. Es increíble” y la de Valentina Tereshkova, la obrera que se convirtió en la primera cosmonauta en llegar al espacio.

 

  • “Ya ven a la casa, gritaba mi abuela desde el portal de la casa.
  • Pero abuela, “los astronautas están en la Luna”.
  • “Eso es mentira”, aseguraba ella.
  • “y sin embargo están en la Luna”, le respondía yo en voz baja.

 

Jorge Mora Varela