LA OBEDIENCIA CIEGA

La aplicación a raja tabla de la OBEDIENCIA DEBIDA, tiende a la sujeción ciega por parte de los subordinados  a las órdenes de los superiores, sin considerar las consecuencias administrativas, civiles y penales de su conducta, porque están obligados a cumplir las órdenes  que les ha impartido un superior jerárquico.

La historia recoge una serie de hechos, que ilustran de manera evidente el peligro de la obediencia ciega, como los sucedidos en el siglo XX  que marcaron la historia del mundo.

 

La solución final

En el año 1961, en Israel, se desarrolla el juicio al teniente coronel de las SS nazis Adolf Eichmann responsable de la solución final en los campos de concentración en Polonia  durante la segunda guerra mundial, acusado de genocidio contra el pueblo judío y contra la humanidad, por ello fue condenado y ahorcado en el año 1962.

 

La Teórica Política Alemana Hannah Arendt (1906-1975) en su libro “Eichmann en Jerusalén”,  introdujo el concepto banalidad del mal en las últimas palabras del capítulo final, para describir el comportamiento de Eichmann en el juicio, donde no mostró ni culpa ni odio, manifestando que él no tenía ninguna responsabilidad de los hechos, porque estaba "haciendo su trabajo",  cumplía con su deber...;  obedecía las órdenes y  también la ley.

Los médicos que examinaron a Eichman no encontraron ningún rastro de enfermedad mental, ni de personalidad anormal, su actitud hacia los demás, como a su familia y amigos, era saludable, sus actos los hizo por ascender en su carrera profesional en el cumplimiento de órdenes superiores.

 

El  bombardeo atómico a Hiroshima

En el año 1954, Paul Tibbets, piloteó el  avión bombardero  desde donde se lanzó la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y la arrasó por completo por orden del presidente  de los EEUU Harry S. Truman.  En el 60° aniversario de los bombardeos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki,  en un acto público aseguró: "en las mismas circunstancias, no dudaría en volver a hacerlo" y declaró con orgullo: fue "una orden que obedecí, como había sido adiestrado"

 

Morir  con gloria por el Estado y por el Emperador

Entre los años 1944 y 1945, murieron 2800 kamikazes en ataques suicidas efectuados por pilotos de la Armada Imperial Japonesa contra embarcaciones de la flota de los Aliados a finales de la Segunda Guerra Mundial; con esta finalidad, aviones cargados con bombas impactaban a propósito contra sus objetivos con el afán de hundirlos o averiarlos.

Estos hechos  describen a seres humanos que han  renunciado a su capacidad crítica,  por sumisión a la norma, porque estaban  "haciendo su trabajo",  en el cumplimiento de su deber, por obediencia ciega de la ley.

Debe haber espacio para la  “obediencia reflexiva o relativa”, en el marco de respeto a la Constitución de la República, los tratados internaciones y los derechos humanos; solo así se podrá desarrollar la sociedad sana, con equilibrio, sabiduría y  libertad.

 

 

Jorge Mora Varela