LA MANIPULACIÓN DEL NUEVO SIGLO

Realizar las tareas del doctorado es una tarea fascinante, porque permite descubrir otras fronteras del conocimiento que cambian la perspectiva para el razonamiento, rompen los esquemas mentales y  obliga a desaprender, como requisito básico para aprender.

Encontrarse con personajes de la historia tan diversos pero esenciales en la construcción del pensamiento universal, no siempre es un proceso sencillo, ni fácil de detectar desde la cotidianidad, o desde del espacio de vida de cada persona, entretejida por la red invasiva de la globalidad de las ideas.

Esta dinámica reflexiva ha hecho que el encuentro con personajes como Michel Foucault, Noam Chomsky, Pierre Bourdieu, Paulo Freire, entre otros, me interrogue sobre el rol de cada  individuo, persona o ciudadano y la influencia que el estado, la familia, la escuela, la iglesia o los medios de comunicación ejercen sobre cada uno de nosotros, a sabiendas que estas instituciones han sido y son en esencia coercitivas y manipuladoras, porque intentan controlar, limitar y señalar los modelos de pensamiento, de creencias y de comportamiento humano.

 

Estas instituciones que disponen del poder someten a las personas a actuar bajo patrones de conducta preestablecidos a través de mecanismos llamados “valores”, leyes, programas, tradiciones, manifestaciones culturales, proyectos políticos, dogmas de fe y cualquier otro condicionamiento social, mental, legal o espiritual.

Y las complementan con distractores sociales que anulan a las personas, las inmovilizan y controlan con enunciados precisos en medio de informaciones vagas, inútiles y abundantes, hasta adoptar una mirada convencional y uniforme, para que las personas vean lo que deben ver, no puedan hacer “lo que no deben” y se comporten de acuerdo a lo preestablecido por quien detenta el poder.

Se los entrena para leer, mirar o asimilar temas ligeros, entretenidos e intrascendentes y los incapacitan para abordar temas inquietantes, complejos o de importancia social, creando ejércitos de consumidores de pastillas de información, en envase de farándula, incapaces de atender temas que requieran más tiempo que lo que dura una propaganda.

Para construir seres humanos uniformes, útiles, dóciles, simples, educados, desarrollados y “felices” que compran, creen, apoyan, votan, aplauden y lo hacen sin preguntar, sin pecar, sin infringir la ley, sin escandalizar, sin señalar, sin cuestionar nada y a nadie.

Entonces nacen los pueblos pacíficos, civilizados, anti terroristas, creyentes, buenos, integrados, comunicados y globalizados, del completo agrado de los grupos que administran el poder.

Bienvenidos a la modernidad ¿de la cual hay que huir de inmediato para no caer en el hoyo negro de la masificación y manipulación colectiva, o a la cual hay que aceptar porque este es el precio que el ser humano debe pagar para vivir en la civilización?.

 

Jorge Mora Varela