UN MUNDO MÁS HERMOSO, NO ESTÁ EXENTO DE DOLOR

 daniela greta

Uno de los signos de los tiempos que más me gustan en este siglo, es la actitud de los jóvenes frente a la vida, decididamente más inclusiva, más universal, menos egocéntrica, más comprometida con el planeta y con todas sus formas de vida.

En este caso el concepto de vida que los jóvenes lo han vuelto más amplio, con rasgos diversos a los de quienes fuimos educados pensando que es un privilegio exclusivo del ser humano el haber sido hechos a la imagen y semejanza de Dios, sin incluir a otras formas de vida, consideradas de segunda categoría, sin alma, sin derecho a ser conocidos, respetados, protegidos e incluidos en el mundo que es de todos.

Los jóvenes están construyendo un mundo mejor, cuando le dicen sí a la diversidad y esto es notorio si en su círculo más íntimo se pueden encontrar narices frías, ojos inquietos, saltos, maullidos, ladridos, pelos, olores diversos, veterinarios, vacunas, a cambio de afecto, risas, abrazos, preocupaciones, colas inquietas y amor a raudales.

 

Pero los períodos de vida son diferentes entre los seres vivos, entonces la existencia misma nos atrapa entre sus manos, cuando la muerte se hace presente de manera extraña, fuera de tiempo y de espacio, desatando torrentes de dolor inexplicable y profundo.

Hoy debo abrazar muy fuerte a mi hija Daniela, porque ella es uno de esos nuevos jóvenes que le han dicho “SI a la vida más incluyente” y que hoy siente el dolor indescriptible de separarse de manera definitiva de su emblema de lucha por una vida más universal, más bella y más dignificante.

Greta se ha marchado, pero los testimonios de amor y solidaridad entre el ser humano y su mascota permanecerán en mi memoria, como una lección del deber ser, entre recuerdos felices, inolvidables, aleccionadores, dignos de conocerse y de replicarse.

 

 

 Jorge Mora Varela