El Coto en Quito

Equipo Mireño de Pelota Nacional, modalidad viento

Continuo en el relato otro de los contertulios, Remigio que había vivido en carne propia la derrota del equipo de pelota de guante en Quito.

Por esos tiempos, las noticias llegaban con una semana de atraso. Porque el camino de Mira a Quito se cubría en tres días y con dificultades. La primera parada era donde los negros carboneros del valle del Chota y después por la vía a Mojanda, y el famoso tambo de Malchinguí, donde decían, los anfitriones hacen fritangas de los viajeros.

En 1917, el equipo de Pelota de Guante de Mira se fue a jugar para Quito, tal era su fama que nadie dudaba que ganaría, al punto que muchos apostadores, vendieron sus burros, con todo aparejo, para disputarse en el juego. Lo propio hicieron las mujeres: se desprendieron de sus queridas pailas y olletas de bronce. El juego de pelota se llama coto y en ese memorable año los diestros fueron acompañados hasta con la Banda de Música. Lo cierto es que los astutos quiteños convidaron al líder un brebaje que le descompuso el estómago, por lo que vio la derrota de su equipo con mucha pena y desconsuelo.

Ni tuvieron tiempo de tener esperanzas, hasta esperar que regresaran los jugadores con la terrible noticia, porque esa misma noche el Correo de Brujas de Mira ya tenía informada a la población, que se lamentaba por la pérdida, en una ciudad donde rondaba el Águila Quiteña.

 

LA MUERTE DEL GOBERNADOR
Vicente, continuó: fui invitado para asistir a un programa de inauguración de obras en la escuela de niños de Mira, por lo que debía levantarme muy temprano en la mañana a realizar las faenas del campo: dar de comer y beber al ganado, cambiarles de potrero y tantas cosas más, ustedes mismo saben todo lo que hay que hacer.

Al salir de la casa, antes del primer canto del gallo, dado unos pocos pasos, me encuentro con una señora muy conocida para mí, que llevaba un balde con agua, la mujer en mención, seguía mí mismo rumbo. Saludó afectuosamente, me preguntó, ¿por qué ha madrugado tanto don Vicente?. Yo, le comenté de la invitación en la que estaría presente el señor gobernador de la provincia. Ella, con toda la certeza me supo manifestar, regrese nomás a la casa, el gobernador no vendrá, está muerto.
Me quedé cortado como se dice, me despedí y lo único que en ese momento se me ocurrió fue ir a golpear la puerta del señor telegrafista para que me confirmara la noticia, talvez en la noche anterior había recibido algún telegrama. Él se levantó molesto por haberle importunado, pero me dijo no tengo ni idea de lo que me pregunta, cerró la puerta en mis narices y supongo se regresó a re-conciliar el sueño nuevamente.

Reinicié la marcha hacia el terreno, al rato cantaron los gallos. Pensé para mis adentros, se acabó el encanto. Hice todo lo que había planificado; al concluir la tarea, regresé al pueblo.

Me bañé, me puse mi mejor traje, como dijera mi padre, estás futre y me dirigí a la escuela. El director y demás invitados esperaban que de un momento a otro aparecieran las máximas autoridades de la provincia, pero no llegaban. La espera se hacía cada vez más larga. Al fin, llegó un empleado del telégrafo y le comunicó algo al oído del señor director:

el gobernador no vendrá por cuanto ha fallecido en la madrugada en un accidente en el río Chota dijo el carro en el que viajaba cayó al río y la autoridad se ahogó, el chofer se salvó de milagro, agarrándose al tronco de un árbol que flotaba sobre las aguas, logró salir frente al caserío del Chota a eso de las siete de la mañana, comunicó a la gente la novedad y pidió ayuda aunque esta llegó demasiado tarde.

Yo, no podía creer, todos se enteraron ya entrado el día, yo y la señora a la que encontré y me dio de primera mano la noticia, sabíamos desde esa madrugada, claro, ella antes que mi;
Después de un buen rato, me pregunté ¿la señora se enteró mientras volaba por los cielos, llegando a Mira desde otras latitudes? nunca salí del asombro, ni pude, ni puedo dar hasta hoy explicación a lo sucedido.

 

 

Tomado del Libro “MEMORIAS DE MIRA”
Autor: Rosa Cecilia Ramírez Muñoz