26 de Mayo de 1971

¡Con el Carchi no se juega!

Era la proclama que después de largos días de resistencia pronunciaron los tulcaneños cuando el Gobierno de Velasco Ibarra tuvo que rever la pretendida imposición de la tasa de dos sucres a todo aquel que cruzara la Frontera Ecuatoriana Colombiana.

En aquella ocasión el pueblo decidió paralizar sus actividades como protesta a semejante decreto presidencial; aunque eso significó muerte, dolor, días de desabastecimiento y pérdidas económicas.

Es necesario recalcar que antes de tomar esta decisión se consideraron alternativas como el diálogo y las peticiones formales, todas ellas vanas ante el despotismo de un jefe de Estado autoritario y amenazante.

Las amenazas de cárcel a los promotores de este hecho fueron la motivación principal para lo ocurrido. La insatisfacción en el cumplimiento de obras como el asfaltado, la rectificación de la carretera Panamericana y la modernización del aeropuerto agravaron la situación. Tras una asamblea popular se había decidido paralizar las actividades en Tulcán el 26 de mayo; pero resultó que tras el fallido diálogo entre el Comité Pro-Intereses del Carchi y el Presidente de la República en San Gabriel, el paro se inició desde el día anterior. Las autoridades recomendaron no oponer resistencia a las fuerzas militares y policiales que arribaban a la ciudad; los tulcaneños indignados asaltaron el Estanco y tomaron armas y municiones para ofrecer dura batalla. El 26 de mayo durante diez horas la ciudad sufrió la peor de las reprensiones, fuego y sangre invadían las calles, la cantidad de militares era innumerable, el ataque por tierra y aire permitió que cerca de dos mil efectivos militares sitiaran la ciudad. El prefecto, Wilfredo Lucero, y el alcalde, Ignacio Zambrano, y cientos de tulcaneños tuvieron que huir.

Hombres, mujeres, jóvenes y niños en las calles protestaban contra el autoritarismo, en la pista del aeropuerto el tumulto esperaba a los paracaidistas que pretendían tomar por asalto Tulcán. Siete civiles y dos policías murieron, hubo muchos heridos y algunos detenidos; pero la decisión era indeclinable. El paro continuaba, para entonces los tulcaneños pedían la restitución de las autoridades en sus cargos, el desabastecimiento hizo presa de la ciudad, las tropas militares tampoco podían abastecerse de víveres, y, el Presidente no tuvo más remedio que enviar a los Subsecretarios de Gobierno y Defensa para que buscaran el diálogo con los pocos tulcaneños que quedaban en la ciudad capaces de interceder (Obispo, Vicepresidente de Concejo Municipal, la Reina de Tulcán). El primero de junio regresaron los comisionados de Quito con los decretos en regla, el Prefecto y Alcalde retornaron a sus cargos y sintiéndose triunfadores los tulcaneños gritaron en las calles: ¡Con el Carchi no se juega!

Fuente: Blog Verónica Paguay Recalde