MUJERES, este 8M las invito a hacer una pausa y mirar a su alrededor, a cuestionarnos pero también a poyar a quienes sobrevivieron, a quienes pudieron retomar sus proyectos de vida; a quienes vuelven a las aulas, se van de viaje, se enrolan en el mundo laboral, a quienes disfrutan de su maternidad, a quienes crean arte; a quienes generan espacios para más mujeres, a quienes escriben, a todas.

 

8 DE MARZO, UN DÍA REIVINDICATIVO

Hoy, en el marco del 8M quiero hacer una pausa y contarles una historia. Me ha resultado muy difícil asumirme como parte de las estadísticas, no podía mirarlas a los ojos y decirles que yo también sé lo que se siente ser una sobreviviente de la violencia de género sin que sintiera ganas de llorar, que doloroso aceptar que soy una de esas 6 de cada 10 ecuatorianas a las que han violentado en más de una ocasión y en más de una forma; y aún hoy no es sencillo hacerlo público pues vuelvo a sentirme vulnerable, pero a diferencia de otras ocasiones siento que es el momento correcto para compartir mi historia.

 

Me hubiera gustado irme la primera vez que me atacó, pero no lo hice. Me golpeó en dos ocasiones, la primera vez casi me mata y la segunda yo devolví los golpes para evitar que lo hiciera, me tomó años darme cuenta de las señales que pasé por alto y que me estaban advirtiendo lo que finalmente sucedió; me tomó mucho amor propio y un par de traspiés ponerle punto final a la relación abusiva; me tomó mucho valor retomar mi plan de vida, volver a tener el control de mi misma, encontrarme y retomar todo a lo que había renunciado.

Hoy me siento fuerte, diferente, crecí y aprendí, siento como si de alguna manera también hubiera salido de un closet que me mantenía presa de la vergüenza y la negación, pero sobreviví, tengo una red de apoyo que me ayudó a encontrar fuerza, valor y nuca más permitirán que me sienta sola; y hoy gracias a eso estoy aquí por las demás, por las miles de mujeres ahí afuera que necesitan redes de apoyo, que se sienten solas y que no se atreven a hablar, porque hemos naturalizado la violencia de tal forma que no creemos que pueda ser tan grave y muchas veces las víctimas y sobrevivientes están a nuestro lado sin que puedan decirlo; es que ser mujer no es fácil, las cifras hablan por sí solas:

Las mujeres representamos el 40% de la fuerza laboral global, pero tenemos peores condiciones laborales, más precarización, empleo inestable, menores posibilidades que desarrollo en áreas como ciencia y tecnología, ingeniería y matemática. En el Ecuador, la tasa de empleo adecuado para los hombres es 16.9% mayor que el de las mujeres; y el desempleo es 1.4% menor en los hombres.

La Organización Internacional del Trabajo realizó el Informe Mundial sobre Salarios 2018/2019 donde se evidenció que las mujeres continuamos percibiendo un salario 20% inferior al de los hombres, no siendo Ecuador la excepción, donde la brecha salarial representa un promedio del de 20.14% entre hombres y mujeres.

El trabajo no remunerado no es reconocido y sigue representando mayor carga para las mujeres, aunque no sea su decisión. De acuerdo al Informe Global sobre la Brecha de Género 2018 del Foro Económico Mundial, las mujeres dedican en promedio el doble de tiempo al trabajo doméstico y otras actividades no remuneradas que los hombres.

Somos víctimas de acoso callejero, el 100% de las mujeres hemos sufrido alguna situación de acoso en la vía pública, ya sean comentario sobre nuestro físico, silbidos, pitazos desde los autos, comentarios sexistas o gestos vulgares. Todo esto nos ha obligado a planificar rutas alternas para llegar a nuestros destinos o pedir compañía masculina para sentirnos más seguras.

No tenemos acceso a educación sexual integral. Según la UNESCO, dos de cada tres niñas en el mundo no tienen idea de lo que les estaba pasando cuando tuvieron su primera menstruación. Recibimos información confusa y contradictoria sobre las relaciones y el sexo, cuyas consecuencias derivan en la reproducción de estereotipos, enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados.

En el mundo hay un promedio de 137 femicidios al día. Mientras en el Ecuador, durante el 2018 las estadísticas mostraron que se comete 1 femicidio cada 3 días.

70.000 mujeres mueren en el mundo por abortos clandestinos. De acuerdo a un informe elaborado por la Organización Mundial de la Salud anualmente se practican 42 millones de abortos inducidos por mujeres que se enfrentan a un embarazo no deseado. De estos, 25 millones son considerados inseguros (abortos incompletos, sepsis, hemorragias, lesiones en órganos internos, perforaciones o desgarros uterinos).

6 de cada 10 mujeres en el Ecuador hemos sido víctimas de alguna clase de violencia (sexual, psicológica, patrimonial, verbal).

Según Naciones Unidas, alrededor del mundo 15 millones de niñas nunca asistirán a la escuela y por cada 100 hombres en la extrema pobreza hay 122 mujeres.

Así, las cifras que demuestran la desigualdad, la inequidad y la injusticia se extienden tanto cuanta realidad analicemos; y es por esto que el 8 de marzo no es una fecha de celebración.

Este 8M las invito a hacer una pausa y mirar a su alrededor, a cuestionarnos pero también a poyar a quienes sobrevivieron, a quienes pudieron retomar sus proyectos de vida; a quienes vuelven a las aulas, se van de viaje, se enrolan en el mundo laboral, a quienes disfrutan de su maternidad, a quienes crean arte; a quienes generan espacios para más mujeres, a quienes escriben, a todas.

La sonoridad es importante, el feminismo es primordial.

Por un 8 de marzo reivindicativo.

 

 Daniela Mora Santacruz