En el Ecuador, el sistema democrático y el voto obligatorio, les ha permitido llegar al poder político a obscuros personajes proclives a terminar sus aventuras electoreras tras las rejas o perseguidos por la justicia, con o sin razón.

LA MENTIRA DE LA DEMOCRACIA

En teoría la democracia es el gobierno del pueblo, sin embargo el docente español Jesús G Maestro define a este modelo de gobierno como el que garantiza la lucha virulenta de las ideologías sin importar en lo absoluto el ciudadano o la voluntad popular, de esto somos testigos sobre todo en las redes sociales.

En el Ecuador, estamos llegando a límites insoportables, donde los actores políticos están legitimando de manera irresponsable y peligrosa la falta de escrúpulos, la mentira, la falsificación de documentos, la manipulación de las limitaciones sociales para llegar al poder aprovechando los miedos, los complejos o la ignorancia de los grupos sociales que les puedan ser útiles, porque esto se puede lograr con porcentajes de bajos de votación, NO representativos, pero suficientes para alcanzar el poder, esto distorsiona y debilita  el poder de la democracia.

Y el cuadro que completa esta grotesca forma de democracia son las interpretaciones forzadas de una serie de pseudo expertos del derecho, de la política o de la comunicación, que validan, niegan o censuran de acuerdo a sus intereses, personales o de grupo, burlándose de manera inaceptable de los ciudadanos a quienes nos ofende, porque se burlan de nuestra inteligencia y que de forma paradójica NO tenemos escapatoria.

Porque sobre nuestro derecho a decidir en libertad existe el condicionamiento perverso del voto obligatorio que nos lleva a elegir de manera recurrente a una mayoría de potenciales delincuentes, que buscan llegar al poder para alimentar sus apetencias personales y para ello utilizan de manera irresponsable las necesidades sociales a través del sistema electoral obligatorio.

Demando mi derecho a NO sufragar de forma obligatoria en esta democracia de mentira.

De manera particular pienso que la democracia llegó a sus límites, sin embargo NO tengo una respuesta del “deber ser” en el manejo político que responda a las exigencias del siglo XXI, por esta razón y de momento demando mi derecho a NO sufragar de forma obligatoria, para no ser cómplice condicionado por la ley a legitimar a estos ridículos aventureros de la política, proclives a terminar sus días en la cárcel o perseguidos por la justicia y que han contado, cuentan y contarán con la complicidad de algunos medios de comunicación, para quienes solo parece importarles el circo como única herramienta de bienestar empresarial expresado en el  preciado “rating”, aunque con su actitud le hagan un daño irreparable a la sociedad a la que utilizan y lucran, pero no son capaces de responder con un sentido básico de “responsabilidad social”.

 

Jorge Mora Varela