Los Luchos

Los Luchos
Como si se “conversaran…”

Parque LosLuchosComo relojito… Como cada día, a la hora de almuerzo solían aparecer con diferente pretexto y, aunque yo prácticamente no les entendía nada, solían entablar sendas “conversaciones” con mi padre, don Félix Gabriel Jiménez.

Por sus gestos, señas y expresiones hablaban de política, comercio, cotidianidad y claro, cuando las manos tocaban la panza, era momento de pasar a la comida, objetivo de dicho sea de paso, cumplía a cabalidad el ‘Chifa Tulcán’ .

En días de feria, llegaban más temprano para evitar la espera y así, seguir con sus actividades. Al primero que conocí fue al querido y popular Luchito. Al parecer eran viejos amigos con mi padre, pues solía sentarse en una de las mesas del rincón y don Gabriel servía inmediatamente su comida; de vez en vez, se sentaba junto a él y con una sopita acompañaba su jornada hasta que algún cliente interrumpiera la “charla”.

Carchi me fascina

Carchi me fascina.


Por: Milton Froilán Jiménez

 

Carchi me fascina
desde el Valle hasta su cima.
Por la chispa de su gente…
…por ser un pueblo valiente

Esta es mi tierra de sabores,
con paisajes de mil colores;
la de la minga del ladrillo
y de la miel con quesillo

La mata de higo

La mata de higo


Por: Milton Froilán Jiménez

Mata Higo

 

Jamás conocí la mata de higo,
más siempre saboreé su fruto.
Su aroma me generó abrigo,
su dulce se convirtió en sustento.

¡Vengo de Tulcán!

¡Vengo de Tulcán!


Por #ElAmigoFroy


Vengo de sementeras pobladas de papa, maíz y trigo…
Del pueblo de cantares, decires y tradiciones.
De verdes parcelas que surcan senderos…
Vengo del norte de la tierra mía.

Vengo de los arroyos del Chiles…
Del sabor del sunfo, del soroche y el pacheco.
Del guardián frailejón que protege la frontera…
Vengo del páramo que tiempla el alma.

Varón de Dios

Varón de Dios

Quisiera que mi grito
llegase al mismo cielo…
…quisiera hablar con Dios,
con sus ángeles y sus santos,
implorarle a su corte celestial.
Quisiera que mis padres intercedan
para que tú no crezcas más
aunque el tiempo no pare de andar.

Quisiera cobijarte por siempre en mi arrullo,
cubrirme de tu inocencia,
gozarme de tus locuras.
Perderme en tu mirada inquieta
mientras recorremos los senderos de la vida…
…tu mano sobre la mía
y mi corazón en tu pecho.