La playa dónde al morir la poeta Alfonsina Storni nació Alfonsina y el mar

La playa dónde al morir la poeta Alfonsina Storni nació Alfonsina y el mar

Publicada en YouTube en: https://youtu.be/wS0JXjHNIMA

La visita a mi hijo en la ciudad de Buenos Aires, me daba la oportunidad de ir a Mar del Plata, al océano Atlántico, en dónde por primera vez en mi vida podría observar cómo empieza el día cuando el sol nace desde el mar, la posibilidad de observar este hecho natural me llenaba de emoción, pues yo vengo desde el lado del mundo dónde el sol muere en el océano para que llegue la noche.

Me sentía entusiasmado como niño que quería dormir pronto para que amanezca en un abrir y cerrar de ojos y observar algo que nunca había visto “el nacimiento del día que nace desde el mar”, como un regalo que me daba la vida en mis años otoñales.

Como en las mejores películas de drama: amaneció y la neblina acompañada de una ruidosa tormenta no permitía ver nada. En el segundo amanecer apenas el filo del mar y las escolleras que rompían la monotonía del mar gris.

No hay huellas

No hay huellas

Por unos instantes me detuve a mirar el lugar dónde viví mi juventud y ver con tristeza que ya no hay huellas de nuestra vida allí.

 

Ya no hay huellas

 

No hay huellas,

no hay rastro que atestigüen nuestras vidas,

nuestras risas o nuestras ilusiones.

 

Nada dice que allí construimos nuestros sueños,

que desde allí luchamos,

que desde allí soñamos.

 

Ahora solo hay otras sonrisas y otros rostros,

que el tiempo borrará,

y que vértigo olvidará.

 

No había huellas y eso duele,

no sabía si quedarme para reclamar mi lugar natal,

o gritar hasta desfallecer para recordarle al pueblo que somos parte de ese lugar.

 

Solo había que entender la levedad del ser,

la temporalidad de la existencia,

lo efímera de esa paradoja a la que llamamos vida.

 

Jorge Mora Varela

 

 

Por unos instantes la casa recobró la vida

Por unos instantes la casa recobró la vida

La casa solía ser un proyecto de vida, un espacio vivo, sonoro, vital, un punto de esperanza, un refugio de seguridad, de amor y un cable de alta tensión que intentaba lanzar a los muchachos a la vida, para que puedan hacer crecer sus alas, sus garras y su temple y un día cuando crean tener las suficientes herramientas nos digan adiós.

Así decía la teoría y así fue, en la tarea de crecer, de afilar sus dientes y frotar sus manos, de tomar aire, de otear el horizonte, de elegir caminos y empezar a ser, mientras caminaban hacia adelante en un camino sin retorno.

Un día, sin apenas percatarnos, la casa quedó vacía, en silencio, porque los proyectos de vida, los espacios de esperanza, el refugio caliente, seguro y el cable de alta tensión bajaron sus brazos, porque ya no eran necesarios, porque ya cumplieron su cometido y guardaron sus armas en silencio y en paz.

Entonces cada rincón de la casa se convirtió en un recuerdo silencioso que atestigua la vida, el amor y los logros hechos realidad. Entonces estos proyectos de vida que ahora son realidad en su individualidad, dejó como efecto secundario la casa vacía, como resultado de las tareas trazadas y cumplidas, de sueños y luchas hechos realidad; que ahora permanece en una tensa tregua con la esperanza de volver a combatir, cómo el soldado que aunque ganó todas sus batallas aún se mantiene vital y en guardia aunque ya nadie lo necesite.

Hasta Simón y Antonia guardan silencio, desde un rincón en el jardín mientras crecen las naranjas, las toronjas y las rosas que ahora son una belleza que se detuvo en el tiempo.

 casa 02

Solo que ahora y por unos instantes el tiempo que dura la pirotecnia volvió a la casa el fragor de la vida, con mis muchachos con sus rostros adultos y su alma de niños y con ellos los amigos y con ellos la música, las guitarras, las voces, las risas, los tambores, las cuerdas y las quenas, con la luminosidad, el sonido y el esplendor y la duración efímera de los juegos pirotécnicos, para llenar de alegría todos los rincones de la casa, pero sobre todo mi corazón.

Entonces no puede dejar escapar unas cuantas lágrimas de nostalgia y de felicidad porque en este paréntesis luminoso me siento satisfecho por las luchas que enfrentamos en los tiempos idos, que fueron el camino al andar y aún mantenemos la esperanza de tener otros momentos de esplendor, de música y de amigos, que serán cada vez más escasos pero que cuando sucedan serán maravillosos como siempre lo fueron.

En esta paradoja, al tiempo grata y dolorosa que se llama vida.

 

Jorge Mora Varela

 

 

¿Qué existe más allá del horizonte?

¿Qué existe más allá del horizonte?

¿Qué existe más allá del horizonte?

 

Lo que me había cautivado de la cima del monte,

es la posibilidad de preguntarme ¿qué había más allá?,

tras del filo de la cordillera,

más allá del horizonte.

 

Como una duda,

como una certeza,

como una promesa,

como un imperativo de la vida misma.

 

Así fueron mis primeros sueños,

que no nacieron en el aula,

ni en las calles de mi pueblo,

nacieron en la cima de monte que ve veía desde mi ventana.

 

Y el tiempo pasa,

y las mañanas se van tiñendo,

con los colores del otoño,

y el imperativo se vuelve urgente.

 

Veamos que otros montes y otras cimas,

estarán al alcance de la mano,

que otros senderos,

podrán embellecer la vida a mi manera.

 

Fin.

 

 

El mundo que yo conocía ya no existe

El mundo que yo conocía ya no existe

 

El mundo que yo conocía,

ya no existe,

ha cambiado,

el de hoy, no lo reconozco y no me encuentro.