La historia de PIPE en Colombia es un cuento repetido

La historia de PIPE en Colombia es un cuento repetido

La historia de PIPE en Colombia es un cuento repetido

 

En Colombia se dio la extradición a los Estados Unidos de PIPE, un líder de una banda delincuencial dónde enfrentará cargos de narcotráfico y será condenado a muchos años de prisión por la droga que ha enviado a los Estados Unidos.

Este es el relato que como “El día de la marmota”, se repite, se repite y se repite, con diferentes actores, pero la trama es la misma.

Llámese Pablo Escobar, Carlos Lehder, Los Hermanos Rodríguez Orejuela, El Chapo, Fito y una lista interminable que nadie puede intuir cuando deberá terminar.

La clásica historia de personas que están desde niños en el negocio del narcotráfico y derivan a la extorsión desde los pequeños comerciantes en los mercados y que son lideradas desde las cárceles.

El testimonio de personajes que arrancan como mulas, cobradores de extorsiones o sicarios para otras personas, pero que por su habilidad para realizar su trabajo y cuando desaparecen los líderes para quienes trabajan, ascienden y se convierten en los líderes de los grupos dónde trabajan o fundan sus propias organizaciones.

Es la circunstancia de personas que tienen un amplio historial de detenciones, de dónde salen con facilidad o se fugan hasta que vuelven a ser capturados y que convierten las cárceles en sus dominios y hacen de ese lugar sus estructuras de poder con alcances internacionales porque tienen vínculos con la policía, las aduanas, las cárceles, la justicia, el sistema financiero y un larguísimo etcétera de vínculos útiles para sus actividades.

Y parecen ser parte de un monstruo que no muere, porque cuando se termina con uno de los cabecillas aparecen los sucesores, quienes asumen el mando de estas organizaciones o de otras que nacen a la par.

En una especie de pesadilla dónde al matar a una cabeza, aparecen otras tantas que darán a luz a otras tantas y así hasta el infinito.

Y los medios hacen la noticia que aparecen en los telediarios, en las redes sociales y todos sabemos que esto solo será noticia “random” y que mañana serán otras cabezas que, como “El día de la marmota”, se repetirá, se repetirá y se repetirá, con otros actores, pero la trama será la misma.

¿Hasta cuándo?

Hasta que alguien se de cuenta que el problema no es quien la produce sino en quien la “demanda”, entonces siempre habrá alguien que la produzca, la transporte, la entregue, la pague, la cobre, lave el dinero, lo ponga en nombre de otros, extorsione, aunque las cárceles se llenen o se extraditen.

En fin.

Las autoridades de cualquier parte del mundo “no están listos para esta conversación”

Porque viven en su mundo “conito” o son parte del problema.

 

Jorge Mora Varela

 

Imagen tomada de: https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRJS7Itvu_eUlB73M6IEI6i_3BADZyc7w3w1Q&s

México lindo, el de mis películas y el de mis canciones, el de Javier Solís

México lindo, el de mis películas y el de mis canciones, el de Javier Solís

 

Publicado en YouTube, en: https://youtu.be/yTgGF4FGBa4

 

En esta oportunidad deseo empezar con la historia de un sueño no cumplido, la de un hombre que siempre soñó con visitar la Plaza Garibaldi de la ciudad de México y que nunca lo pudo cumplir, desde siempre en sus conversaciones estaba ese anhelo, ver a los mariachis, escuchar y tararear las canciones que lo habían acompañado toda su vida, en su niñez, en su juventud, en la radio de su automóvil mientras hacía las carreras de taxi por las calles empedradas o las veía en el cine en el Teatro Lemarie de mi pueblo.

No sé si él tenía una idea cabal de cómo era la Plaza Garibaldi, solo sabía que allí cantaban los mariachis, no sé si sabía cuan grande era la capital de los mexicanos o que esta plaza estaba en el Centro Histórico de la Ciudad de México, lo que si sabía que allí se podía escuchar y mirar la música de los mariachis en vivo. Ese fue su gran sueño y a no obstante frisa casi un siglo de vida y nunca pudo cumplir con ese anhelo que lo había acompañado toda la vida y ahora es imposible porque de a poco se está apagando.

Si pudiese pedirle un deseo al genio de la lámpara de Aladino sería regalarle a Carlos un momento de juventud y dejarlo que disfrute de la magia de la Plaza Garibaldi, se pierda y se embriague de ese lugar del escenario de sus películas favoritas, de las voces que lo hicieron soñar, enamorarse y que pueda cantar junto a los mariachis y coquetearles a unas cuantas copas del Tequila y de Mezcal, hasta que caiga la noche y hasta que amanezca un nuevo día.

La época de oro del cine mexicano y de lo mejor de sus escritores, poetas y cantores fueron determinantes en la construcción del imaginario, del marco conceptual y del marco referencial de las personas de mi pueblo, que al estar ubicados al norte del Ecuador y de espaldas a las demás provincias de su patria, con la mirada hacia el norte, hacia Colombia, pero sobre todo hacia y hasta México, desde dónde llegaban las revistas de historietas y sus historias, las de Memin, Hermelinda Linda, Kaliman, Juan Sin Miedo, el Valiente, el Santo, Blue Demon, o las radio novelas, Cumbres Borrascosas, Porfirio Cadena el ojo de vidrio, el mismo Kaliman.

México nos había regalado a través del siglo XX, íconos de cómo debía ser la belleza femenina y la feminidad con Dolores del Rio, María Félix, Katy Jurado, Elsa Aguirre, Evangelina Elizondo, Salma Hayek entre tantas.

Y tantos, tantísimos actores, entre otros:

Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix y Dolores del Río, figuras prominentes en la Época de Oro del cine mexicano, de 1936 a 1959. Otros como Pedro Armendáriz, Ignacio López Tarso, Gilbert Roland, Luis Aguilar, Joaquín Pardavé, Sara García, Fernando y Mario Almada entre tantos y tantos.  

Y un infinito océano de cantantes inolvidables, enormes entre tantos:

Jorge Negrete, Pedro Infante , Vicente Fernández, Antonio Aguilar, Miguel Aceves Mejía, Armando Manzanero, Agustín Lara, Juan Gabriel, José José, Luis Miguel, Marco Antonio Muñiz, Don Pedro Vargas, Chavela Vargas, Alberto Vásquez, Angélica María, Cesar Costa, Enrique Guzmán.

Mi favorito, Javier Solís, Gabriel Siria Levario, que nació el 04 de septiembre de 1931, en el norte, en Nogales Sonora a 1353 km del DF, en la frontera con los Estados Unidos y crecido en Tacubaya un derivado del náhuatl que significa "donde se recoge el agua", al oeste de la ciudad de México y fallecido el 19 de abril de 1966 en la capital mexicana, ni siquiera había alcanzado los 35 años.

Un hombre carismático de una voz potente, diáfana, con una dicción clara y limpia, perfecta y aun así cercano al hombre común de mi pueblo, el primero de tres hijos de un matrimonio humilde entre un panadero y una comerciante.

Él como un joven de mi barriada buscaba su futuro como aprendiz de mecánico, panadero y boxeador sin condiciones para triunfar y que a sus 17 años trabajaba como carnicero y que por las noches cantaba por las propinas con grupos de mariachis en la Plaza Garibaldi de la capital mexicana.

Al inicio, con unas grabaciones de incipientes, se presentaba en restaurantes, primero como parte del Dúo Guadalajara y luego del Trío Flamingo, con sus amigos Pablo Flores y Miguel Ortiz Reyes que se perdieron en el anonimato, A sus 19 años en 1950 grabó sus primeras creaciones: Punto negro, Tómate esa copa, Virgen de barro y Te voy a dar mi corazón, producidas, con el Trío Los Galantes, en un pequeño estudio de grabación para artistas aficionados en la Ciudad de México. El cantante hizo estas grabaciones en discos de acetato para mostrarlas a sus amistades y las usaba como tarjeta de presentación.

Para terminar, como dice él de “chiripazo” de cantante, cuando desde los 20 a los 24 años cantó en el bar “Azteca” con el nombre de Javier Solís donde el portorriqueño Julio Rodríguez Reyes la inconfundible primera voz del Trio Los Panchos hacía grabaciones de prueba en la búsqueda de talentos lo encontró para fortuna del mundo de habla hispana, esto le abrió las puertas al éxito monumental en la música y en el cine durante 11 años desde 1955 a 1966 año de su muerte. Hasta convertirse en la leyenda que según su propia voz reconocía que al inicio cantaba por hambre”.

Cómo dato anecdótico, el día del sepelio del actor y cantante Pedro Infante, Solís asistió para poder cantar una canción en su memoria porque lo imitaba como nadie.

Solís recibió su primer disco de platino por las altas ventas de su primer sencillo, su consagración definitiva fue cuando grabó el tema Llorarás, cuando Javier Solís abandonó su estilo imitador de Pedro Infante. Luego su carrera fue meteórica durante una década, grabó 379 canciones y se convirtió en uno de los cantantes más famosos de la historia en México.

Las canciones de Javier Solís fueron escritas por una variedad de compositores, destacando Fernando Z. Maldonado, quien fue su compositor y arreglista más cercano, para él creo "Payaso", "Que va" y "El Loco". También arregló "Esclavo y amo", interpreto canciones de José Alfredo Jiménez, como "La media vuelta", cantó a Agustín Lara a Víctor Cordero, a Felipe Valdés Leal, a José Vaca Flores que escribió la canción "Esclavo y amo", a Luis Demetrio con canciones como "Sombras nada más".

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Los cines de mi pueblo fueron testigos del cine mexicano, de Pedro Infante , de Jorge Negrete, de Cuco Sánchez, de los Aguilar, de Miguel Aceves Mejía y tantos, también las películas de Javier Solís:

En 1961:Tres balas perdidas, En cada feria un amor, El jinete enmascarado.       

En 1962: Los bárbaros del norte, Los cinco halcones, Camino de la horca, Los forajidos, Vuelven los cinco halcones.

En 1963: Fuerte, audaz y valiente, Sangre en la barranca, Un tipo a todo dar.

En 1964: México de mi corazón, Agarrando parejo, Campeón del barrio, Los hermanos Muerte.

En 1965: Diablos en el cielo, Rateros último modelo, Escuela para solteras, El pecador, Los tres calaveras, Aventura al centro de la tierra, La conquista de El Dorado, Especialista en chamacas, Un callejón sin salida.

En 1966: Los Sánchez deben morir, Caña brava, Los tres salvajes, Los cuatro Juanes, Amor a ritmo de go go, Juan Pistolas, El hombre de la furia,

En 1967 un año después de su muerte se estrenaron: Los tres mosqueteros de Dios, Los que nunca amaron.

Allí con sus películas, con sus canciones, con su carisma, con su historia, con sus películas, con sus amores, fueron tallando el perfil cultural de los jóvenes de mi pueblo de la mitad del siglo XX.

Enfermedad y muerte

En 1966 se habían agudizado los cólicos de vesícula, así que, por consejo médico, fue hospitalizado el 13 de abril de 1966 en el nosocomio Santa Elena en la Ciudad de México, con el fin de operarse. La cirugía se le realizó sin complicaciones hasta que un día antes de que muriera, no se observó ninguna complicación y Solís estaba a la espera de que lo diesen de alta.​ Sin embargo, a los seis días de haber sido internado, falleció a las 5.45 de la mañana del 19 de abril de 1966, a los 34 años, por causa de una peritonitis aguda.

Funeral

Al día siguiente fue velado en una funeraria de la capital mexicana y luego en medio de una inmensa multitud que luchaba por estar junto a su ídolo fue trasladado al Panteón Jardín del DF.

Dice el mito urbano que cuando Javier Solís murió, cuatro mujeres se identificaron cada una como "su esposa" para reclamar sus bienes. Enriqueta Valdés, Socorro González, Yolanda Mollinedo y Blanca Estela Sainz. Todas mostraron sus actas de matrimonio, lo cual indicaba que el artista se había casado varias veces sin divorciarse.

Hay una imagen dónde se aprecia a Javier Solís con su hija Fabiola a finales de los 50s, hija producto de su matrimonio con Socorro González.

A Javier Solís se lo recuerda como un ser humano humilde y hasta un tanto tímido, se dice que llegó a casarse 5 veces y tuvo 9 hijos. Sin embargo, tras tantos rumores, nunca se pudo confirmar todo lo que de él se dice.

En fin, Javier Solís es como un hombre de mi pueblo, de orígenes humildes, bueno para el trabajo, bueno para el amor, bueno para un puñete, bueno para cantar.

Aún recuerdo como si fuese apenas ayer y de eso son ya casi 50 años, como en la rocola del bar de mi amigo Carlos Luna que acaba de fallecer hace unos cuantos días, en las teclas F-14 sonaba la canción “Sombras nada más”, junto a “Cataclismo”, “mi viejo San Juan” y tantas canciones que podíamos pasar horas y horas en la cantina junto a Javier Solís.

En estos tiempos, con alguna frecuencia, me gusta escuchar en el YouTube las canciones “Esclavo y amo” y “Gema” en la voz de Javier Solís y cuando lo hago no siempre puedo contener a un par de lágrimas de nostalgia y de felicidad que se escapan, porque yo también entendía el amor como lo cantaba Solís y que una noche de diciembre de 1984 acompañado en la guitarra con mi amigo Américo Morales, se las canté en una serenata a una hermosísima mujer, Doña Mirtha, que al poco tiempo se convertiría en mi esposa, a ella le canté junto a su ventana las canciones de Javier Solís, como una promesa de amor que ya dura algo más de cuarenta años y seguimos caminando tomados de la mano y la mirada fija rumbo al infinito como lo insinuaban las canciones de amor de los inagotables escritores mexicanos en la voz del inmortal Javier Solís.

En estas fiestas decembrinas tendremos junto a los míos, una noche de karaoke y como lo habíamos hecho tantas veces cantaremos “En mi viejo San Juan” y “la media vuelta” como cuando nos hemos reunido para ser felices junto a la música del inolvidable Javier Solís.

 

Muchas gracias.

 

Jorge Mora Varela

 

Publicado en YouTube, en: https://youtu.be/yTgGF4FGBa4

 

 

El Julio Guillermo Esquitini y el Diomedes Urresta en la segunda olimpiada nacional en Quito de 1935

El Julio Guillermo Esquitini y el Diomedes Urresta en la segunda olimpiada nacional en Quito de 1935

El Julio Guillermo Esquitini y el Diomedes Urresta en la segunda olimpiada nacional en Quito de 1935

Hace algún tiempo había recabado en el inagotable baúl de la memoria de mi amigo Federico Mera y de allí nació el texto “El inicio del ciclismo como la pasión del pueblo Carchense”, publicado en el Portal @TulcánOnline, en: El inicio del ciclismo como la pasión del pueblo Carchense  dónde en uno de los segmentos aparecen los nombres del Julio Esquitini y del Diomedes Urresta.

 deportistas carchenses 07

Y como nota al pie pido que: “Si nos puedes ayudar con más nombres, competencias, fotografías y anécdotas de esos tiempos del nacer ciclístico de Carchi lo agradecería.

¿Por qué escribir y por qué leer “Un siglo bajo el pincel de LOS LINDOJO”?

¿Por qué escribir y por qué leer “Un siglo bajo el pincel de LOS LINDOJO”?

¿Por qué escribir y por qué leer “Un siglo bajo el pincel de LOS LINDOJO”?

Escúchalo en Ivoox en: https://go.ivoox.com/sq/2852199

El libro “Un siglo bajo el pincel de ‘Los Lindojo” es una narrativa de investigación de corte multidisciplinar que profundiza en la historia de la familia Rosero Mora, que nace en la ciudad de Tulcán con Julio Rosero Revelo en 1913.

Los Lindojo

A través de una investigación meticulosa, exploro la vida y obra de LOS LINDOJO, con una mirada desde la historia, la religión, la espiritualidad, el sincretismo, la filosofía, la antropología, entre otras disciplinas de las ciencias humanas, para determinar el legado y la influencia cultural en el arte de la pintura y de la identidad carchense. ​

Lo relevante es que el talento de Julio César Rosero Revelo fué heredado por sus hijos y nietos, quienes continúan su legado artístico y lo han hecho por más de un siglo, lo que les da a los "Los Lindojo" la categoría de dinastía en el arte y la plástica popular.

El intelectual Duván Ávalos reconoce en el prólogo la necesidad de “La valoración de lo propio”. ​Allí reflexiona sobre la recurrente falta de apreciación y reconocimiento de las producciones culturales locales en nuestra ciudad y la provincia.

Entonces hay que generar espacios de memoria que estimulen el conocimiento, la valoración, la apropiación y el reconocimiento de lo propio.

En este contexto, con este libro busco resaltar la rica tradición artística de los carchenses, en este caso particular la obra de “Los Lindojo”, quienes han contribuido de forma significativa al arte plástico durante más de un siglo. ​

La historia de “Los Lindojo” comienza con Julio César Rosero Revelo en la segunda década del siglo XX y con este dato nace el nombre del libro: Un Siglo Bajo el Pincel de LOS LINDOJO.

La historia nace con Julio un hombre alegre y de vez en cuando con un carácter fuerte, multifacético, con apegos a la música, al deporte, con alegría, sencillez, un afecto y compromiso con su comunidad. ​

Julio desarrolló una filosofía artística basada el trabajo constante y la conexión con el pueblo, creando obras que reflejaban la identidad y las tradiciones de su comunidad. ​

Luego como educador y artista, dejó un legado de más de 3,000 cuadros, murales y decoraciones religiosas en Ecuador y Colombia, hasta ser declarado “el mejor pintor clásico del Ecuador en los últimos tres lustros” por la revista ecuatoriana Diners Club en 1985. ​

La dinastía de “Los Lindojo” incluye a los hijos y nietos de Julio César Rosero Revelo, quienes heredaron su talento artístico y su pasión por las artes plásticas. ​ Cada miembro de la familia desarrolló su propio estilo y contribuyó al arte carchense de manera particular. ​

Hugo, pintor y docente con la habilidad para pintar y para escribir en la temática social y crítica, cuando en su columna del Semanario la Frontera bajo el seudónimo de “Rasputín” aborda con la dureza crítica de las palabras, en temas sociales y sensibles.

Julio, “el caricaturista de la idiosincrasia carchense”, con sus dibujos multicolores captura la esencia de su pueblo y lo hace con calidad y humor y es retribuido con el afecto popular.

Guido, fue un maestro generoso y polifacético en la enseñanza del arte en escuelas y comunidades con trazos firmes y hermosos.

Northon, con una especial destreza en retratos y pintura mística con habilidad, técnica y alta sensibilidad artística.

Luis, el hijo menor de Don Julio, un artista multifacético ex director de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión, Núcleo del Carchi. Él enriquece su obra cuando combina tradiciones indígenas y mestizas con el catolicismo y genera un singular sincretismo de colores, además de su compromiso con la identidad cultural carchense se refleja en sus libros, murales y la creación de personajes icónicos como “El Pupo” y “El Rey de la Papa”. ​

Ana Karina Rivas Rosero, una magnífica exponente del hiperrealismo y caligrafista, con la habilidad para capturar la realidad con precisión y belleza, su obra no nos deja indiferentes.

Juan Carlos Rosero Benavides, un joven que hace su camino al andar y su compromiso social que lo distingue y lo expresa en su pintura.​

El libro lo he planteado desde el análisis del arte pictórico de “Los Lindojo” desde diversas perspectivas para apreciar su valor y su aporte cultural, entonces he encontrado argumentos en la filosofía, la historia, la antropología, la cultura entre otras disciplinas que puedan mostrar el aporte y la valía de esta familia con talento creativo en la plástica y en las letras.

El valor del arte de esta familia, radica en su capacidad para proporcionar una visión del pasado y documentar la historia y las experiencias humanas del Carchi y de la región que lo rodea.​

“Los Lindojo” han desempeñado un papel fundamental en la construcción de la identidad cultural carchense. ​ Su arte, combina elementos de la cultura pasto, el mestizaje y las expresiones religiosas, que han contribuido a la creación sincrética, y con ello una identidad artística y cultural que refleja la diversidad y riqueza espiritual de la región. ​

Por esta razón con el libro “Un siglo bajo el pincel de ‘LOS LINDOJO” quiero rendir un homenaje de reconocimiento y un aplauso gigante a esta familia de artistas los Rosero Mora, que nació con su padre Don Julio César Rosero Revelo.

Además de hacer un afectuoso llamado a leer el libro físico y más adelante de forma virtual, para conocer, valorar y preservar su legado en este caso de “LOS LINDOJO” para las generaciones futuras que deben heredar y enriquecer sus raíces culturales y si es a través del arte y la lectura mejor.

 

Jorge Mora Varela

 

¿POR QUÉ UNOS PUEDEN Y OTROS NO?

¿POR QUÉ UNOS PUEDEN Y OTROS NO?

POR QUÉ UNOS PUEDEN Y OTROS NO

Por el hecho de haber nacido en la mitad del siglo XX, mi educación fue determinada con ideas, valores, creencias algunas propias de la ecuatorianidad, el mundo andino, las montañas, la Pacha Mama, el Inti Raymi, sin embargo, la mayoría de ideas son lejanas a las cuales, en la mejor etapa de la vida, “mi otoño”, que me permite irlas a buscar, mirarlas de cerca, tratar de entenderlas y procurar entenderme.

En mi estructura mental cohabitan de forma suigéneris la mentalidad mágica del mundo andino, con el dios del cristianismo que vino de mundo hebreo en el medio oriente, los mitos, las leyendas, la filosofía, la literatura del mundo greco, la ciencia, las matemáticas y la geometría del mundo hindú y el mundo árabe, la manera de entender y hacer la política, la forma de estructurar los ejércitos del mundo romano, el catolicismo de la Roma de la alta edad media y de la Hispania del siglo XV.

Mi mestizaje dice que ese soy yo, un ser humano con raíces larguísimas desde el África y la Eurasia y de raíces jóvenes del Aby Ayala que llegaron desde Bering o quizá del Atlántico o del mar del sur el pacífico polinesio.

Es plausible pensar que por mis venas corre sangre de todo el planeta y no es extraño, porque eso es el ser humano, que inició su camino en África y se expandió por todo el mundo.