Cómo quisiera describir las sensaciones del alba, de cuando me enredo en tus cabellos de puro ébano, soltar al misterio las dulías de mis suspiros por tu magia y tus encantos.

 Quizá el divino misterio sea quien dibuje en mí la luz para desprender desde el Absoluto todo lo que un mago requiere para su iluminación total.

 

Decirte que lo etéreo no me es nada si la flor de tu piel no me acompaña en mis sueños, decirte que la atrevida locura que se me despierta por un beso tuyo me ensombrece el alma misma…

Un canto a la luz de la luna evoca antiguas vidas de adoración, antiguas vidas desde donde comenzó el idilio del cielo y la tierra, donde el horizonte es el punto de encuentro de nuestros cuerpos en el mundo del dios de las mil risas, saciando una sed perpetua, inmarcesible, inmutable, inmensa, inmanente…

 

Madrugadas de ritual, horas de conjuro y besos; horas en las que la eternidad del tiempo desaparece para tener la certeza de un eterno ahora, nos llevaremos uno al otro hacia la cumbre de los superuniversos.

Texto inédito de Miguel Ángel Bolaños Vela (Ángelus)