En nuestro próximo viaje a la Provincia del Carchi iremos a FERNANDEZ SALVADOR
De las fotografías realizadas por nuestro amigo Marco Villacorte Fierro, me ha llamado la atención la belleza estética interior y exterior del templo de la Parroquia de Fernández Salvador, que cuentan fue construida con base de mingas ciudadanas en el año 1951, por los lugareños católicos y que celebra con algarabía la fiesta de la Virgen del Sagrado Corazón de María.

De la misma manera me parece curioso que por una serie de decisiones políticas, económicas y comerciales a la parroquia Fernández Salvador, casi no le quedan niños y que, si la tendencia sigue, está condenada a la vejez de su población, a la muerte del poblado como tal y su potencial desaparición.
De cualquier manera, con el aporte de un grupo de priostes que viven en las ciudades de Quito, de Ibarra y de la Provincia del Carchi, tuvieron el acierto de pedirles a los artistas Luis Rosero Mora y Aníbal Bravo, la elaboración de 6 obras de arte religioso, para enriquecer la belleza estética de la ya hermosa iglesia parroquial que resume el talento y la habilidad de los lugareños católicos.

Sin embargo, los pueblos que no tienen niños, están condenados a desaparecer, aunque de momento la presencia del sacerdote, que celebra los ritos católicos y la eucaristía, además de las serenatas a la patrona, el siempre llamativo castillo de fuegos artificiales y las actividades culturales que se desarrollan me llevan a pensar que Fernández Salvador tiene el potencial para no desaparecer, por el contrario, para crecer y multiplicarse.
El desarrollo turístico en temas religiosos, culturales, deportivos, gastronómicos, son el “arma secreta para no morir”, para hacerse conocer, para atraer la atención de los visitantes, cercanos o lejanos.
Para demostrarlo están las historias del milagro que produce la fe, por ejemplo, en “El Quinche”, en “El Cisne”, por citar dos ejemplos cercanos y conocidos.

Por esta razón la presencia de los priostes o de los artistas plásticos con su aporte con las obras de corte religioso, las bandas musicales y el fervor católico pueden convertir a Fernández Salvador en un pueblo dinámico y sobre todo con futuro si aprovecha el potencial turístico que conjuga la belleza paisajística, la pujanza de sus ciudadanos, el talento de los artistas en este caso Rosero y Bravo y la mirada curiosa de sus visitantes que iremos muy pronto para disfrutar de la belleza del lugar, del templo, de la espiritualidad que emana la “Virgen” y de la profundidad de las obras de arte que la adornan y la enriquecen.

Jorge Mora Varela
Fotografías de Marco Villacorte Fierro

