Basta con las guerras. Todos queremos la paz

Basta con las guerras. Todos queremos la paz

Publicado en YouTube, en: https://youtu.be/BISFmFb-jVM

Partimos de la premisa: Basta con las guerras. Todos queremos la paz

Pero si lo ponemos de esta manera:

Basta con las guerras ¿Todos queremos la paz?

También he escuchado: La guerra llevará a la paz

La guerra ese conflicto prolongado en plural, entre dos o más, cercanos o lejanos, que sueles desembocar en la violencia y que parten de la imposibilidad de aceptar las diferencias que con frecuencia tienen tintes políticos, de tierras, por herencias, territoriales, económicos, religiosos o ideológicos.

Con el peso del poder de unos sobre otros, por la imposición de mi verdad porque la tuya es más pequeña.

Me hacen dudar en ¿Todos queremos la paz?

En el plano ideal parecería que los seres humanos tenemos la herramienta más poderosa: diálogo, pero no siempre o convertimos la boca en un medio para caldear los ánimos, para seguir con los puños o los misiles.

Cuando iniciaba mi etapa colegial mientras transitaba mi pubertad, en el patio del colegio se presentó un grupo teatral y retrataba como nacen los conflictos, por desacuerdos entre personas e iban escalando desde la violencia física, a la violencia con palos y piedras, con armas, con bombas y ahora lo vemos con misiles. Y ese contenido de esa obra de teatro nunca perdió actualidad, es más está más vigente que nunca.

Desde mi niñez acompañaba a mi madre a las cadenas de oración para pedir por la paz y las guerras y los conflictos cercanos o lejanos parecían ajenos a esas rogativas de las humildes mujeres gastaban de tarde en tarde como si su Dios no pudiese escuchar, o no entendiese lo que hablaban, o no podía atender estas súplicas o como si no existiese y ellas le hablasen a nadie.

La paz y la guerra más que un concepto y una realidad tangible con frecuencia se parece a una utopía.

La escuela me enseñó a amar a mi patria, pero sabía bien que era el enemigo, estaba en la frontera sur y de cobijaba con el nombre de “patriotismo”.

La juventud me enseñó a amar el deporte, pero sabía bien quien era mi enemigo, y estaba en al otro lado de la cancha y se cobijaba con el nombre de “rivalidad deportiva”

El templo me enseñó a amar a dios, pero sabía bien quien era mi enemigo, y estaba en el otro templo y se cobijaba con el nombre de “dios verdadero”.

El partido me enseñó a amar a mi líder, pero sabía bien quien era mi enemigo, y estaba en el otro partido y se cobijaba con el nombre de “ideología”.

Mi cultura me enseñó a amar mis creencias, pero sabía bien quien era mi enemigo, y estaba en la otra cultura partido y se cobijaba con el nombre de “mis tradiciones”.

Mis libros me enseñaron a amar las ideas que emanaban de ellos, pero sabía bien quien era mi enemigo, y estaba en otros libros y se cobijaba con el nombre de “conocimiento dentro de mi marco de referencia”.

Mis convicciones me enseñaron a amar a mis creencias, pero sabía bien quien era mi enemigo, y estaba en quien pensaba diferente, es más de indicaron el otro estaba equivocado y se cobijaba con el nombre de “convicciones”.

Sin embargo, tanto bregar con mis ataduras y mis fantasmas, a no creer a pies juntillas en mis libros, ni el cura, ni mis profesores, ni en los medios, ni en mis maestros, he dejado una luz de esperanza para la paz y el no a la guerra.

De vez en cuando recorro mi memoria que ahora está en el internet y en las redes sociales y creo ser un hombre de paz, cuando leo mis textos cortos del Twitter o mis publicaciones en los portales Web, creo que he soltado mis ataduras y hoy puedo decir:

Basta a la guerra, porque yo soy un tipo que no quiere la guerra, sino la paz.

Luego de luchar por décadas para soltar las cadenas que me heredó mi cultura, mi educación, mis círculos sociales y la religió.

Y hoy puedo disfrutar de la libertad y gritar Basta a la Guerra, porque me rodeo de amigos como ustedes que nos juntamos y con autoridad moral estamos dispuestos a construir un mundo sin guerras y en paz.

Entonces sí al derecho internacional, sin ideología o intolerancia para el que piensa diferente, sí a las negociaciones y a las exigencias, porque parten de personas que no solo piensan, sino que viven sin guerras y en paz.

No a la guerra 01

Jorge Mora Varela

 

No a la guerra 03.jpg