Laureano Villagómez
Un joven ciclista tulcaneño a quien la muerte le arrebató los sueños.
Laureano el joven ciclista tulcaneño que soñaba con participar y ser competitivo en el cruce de los Andes y para lo cual ya estaba preseleccionado, para participar en representación del Ecuador en la competencia mítica que se desarrollaba entre las imponentes montañas de Chile y Argentina, volver con un triunfo entre sus maletas y cuando regrese iba a llevar al altar a su novia en la ciudad de Tulcán de quien nos reservamos el nombre por respeto a ella y sus historia posterior.
Laureano ya tenía una huella en el ciclismo local y nacional, y según los registros del libro “El ciclismo Ecuatoriano” visto por un aficionado de Jorge Baldeón Rosero, había participado como “INDEPENDIENTES” en la 3° vuelta ciclística al Ecuador junto a Aníbal Gualagán, Jaime Jarrín y Ernesto Llumiquinga y en la 5° vuelta ciclística al Ecuador en la cuarteta del CARCHI “B” junto a Julio Imbacuán, Armando Madruñero y Anselmo Obando.
Una mañana del 25 de diciembre del año 1974 salió a entrenar en los agrestes paisajes que llevan al Guachucal en el Departamento de Nariño en Colombia y en una de sus curvas fue embestido por un “Jeep” militar conducido por al parecer un miembro de las FFAA de Colombia y que luego del accidente se dio a la fuga, para jamás rendir cuentas a la justicia, mientras el cuerpo del joven ciclista ecuatoriano quedó tendido en el camino.
Otro ciclista que entrenaba en los caminos de la montaña nariñense y también soñaba en grande, al ver que estaba un ciclista tirado en el asfalto del camino al acercase vio que era su vecino y cuando al cabo de unas horas se lo pudo llevar en una ambulancia a un hospital, donde solo se pudo certificar que Laureano había muerto.
En un feriado, en el vecino país y allí se acrecentó el drama de Doña Teresa Moreno, quien estaba a cargo de Laureano, porque sus padres ya habían fallecido hasta que con el apoyo de algunos miembros de la Federación de ciclismo del Carchi pudieron repatriar el cuerpo inerte del joven ciclista carchense de 27 años que una mañana salió de su casa con su bicicleta, para entrenar con la mirada puesta en uno de sus sueños y en ese empeño había perdido la vida.
Laureano había nacido en 1945, en el Caserío de Chapúes, que pertenecía a la jurisdicción de la Parroquia de Urbina del Cantón Tulcán, cerca de la frontera con Colombia.
Un joven que fue a vivir a la Ciudad de Tulcán al amparo de su tía Doña Bertha Villagómez de Córdova, esposa del Profesor y Director de la Escuela Sucre Sr. Aurelio Córdova, fue a estudiar en el Colegio La Salle y luego de sus estudios secundarios se dedicó al ciclismo de forma constante.
Y entre el estudio y el ciclismo que compartía con jóvenes ciclistas que son parte de la memoria histórica tulcaneña, los recordados Anselmo Obando y Víctor Taramuel.
Sin embargo, el infortunio y la muerte en la carretera truncaron la vida y las aspiraciones deportivas, familiares y humanas de un joven que soñaba en grande como tantos otros carchenses que sobre su bicicleta construyen sus sueños y su porvenir, al obedecer al legado de su pueblo, “Ser ciclista” y de los buenos, como los que se dan en el “Carchi”.
Con esta crónica quiero rendir un homenaje a los jóvenes que han perdido, pierden y perderán la vida en las carreteras y cuya memoria tiende a quedar en el olvido.
La idea a defender es “ni un solo ciclista más debe perder la vida en la carretera” y espero que sea así, pero la realidad de la vida es diferente al deber ser.
La realidad de los hechos dice que NO es así, sin embargo, aprovecho de una conversación casual de entre amigos y salió el nombre de Laureano Villagómez e inmediatamente vino a mi memoria este nombre que se ha quedado grabado en un rincón de mi memoria dónde guardo lo mejor de mis afectos ligados a mi pueblo y a mi provincia.
Gracias Eugenia por traer a Laureano a mi memoria.
Jorge Mora Varela
Fotografía cortesía del álbum familiar de la familia Villagómez

