Un homenaje a mi amigo Fernando Bolaños Almeida

Un homenaje a mi amigo Fernando Bolaños Almeida

Un homenaje a mi amigo Fernando Bolaños Almeida

 

Un tiempo para ser feliz

 

Dice la canción de Alberto Cortez:

Cuando un amigo se va

queda un espacio vacío,

que no lo puede llenar

la llegada de otro amigo.…

 

Y tiene toda la razón, en el caso de la partida de mi amigo Fernando marca un antes y un después, desde cuando entramos a la juventud, hasta que llegó el tiempo de ser adultos.

Jovenes 10

Y ese tiempo fue para ser felices, porque había que abrir un paréntesis entre la niñez y la vida adulta, solo era el espacio de tiempo, el de la exuberante juventud.

Para aprender a vivir, a reír, a construir los afectos que perduran en el tiempo, hasta “Cuando el amigo se va”.

En aquel tiempo teníamos tantas y tantas noches, para recorrer la ciudad, hasta gastarla, hasta dejarla sin secretos, hasta meterla en el corazón.

Así, de esa forma pertinaz por los caminos del páramo, en medio de la lluvia o cuando nos había ganado la noche, siempre había un motivo para charlar o para encender un cigarrillo y dibujar con el humo estelas en el aire.

Dejarse llevar por la montaña o los ríos de agua transparente y fría, hasta los valles cálidos de la casa de campamentos en la pequeñísima parroquia de Maldonado o de los hermosos ríos del Chical.

O ser parte de las celebraciones y las galas de los pueblos entre la gente, las reinas o los brindis con un trago de aguardiente, hasta que nos pille el nuevo día entre risas interminables y anécdotas para recordar toda la vida.

Y son esas vivencias maravillosos que se quedaron en el tiempo, las que ahora “cuando Fernando se fue…” me duelen, porque fueron parte de un tiempo que parecía eterno y fue tan efímero que lastima no haber podido aprisionarlo, para sostener la juventud y los tiempos felices.

Hasta pronto Fernando y cuando nos volvamos a encontrar en algún momento, en el más allá, debemos prometernos que será como en nuestra juventud, hermosa, glamorosa y feliz.

 

Jorge Mora Varela

 

Fotografía del archivo de Marco Villacorte Fierro.