CANCIÓN EN LA MADRUGADA

Los sueños de ti me despertaron al amanecer,
al florecer el saludo del sol con los sonidos del silencio;
y hasta me pareció verte como un ángel y resplandecer,
al parecer, como las estrellas divinas de todos los cielos.

Y fue la voz mirífica del misterio en tus labios
que de santos sabios tomó el verbo mágico,
para encantarme el alma por miles de años,
en años eternos de fuego divino y plácido.

EL NACIMIENTO DEL VOLCÁN CHILES

...Pero se cuenta por ahí, que en cierta ocasión, la luna se atrevió a pasear por las lagunas que se encontraban cerca a un territorio donde vivía un extraño poeta, solitario y vagabundo como el viento del páramo frío.

 

Aquella noche, se dice que los ancianos delante del fuego relataban viejos cuentos de anocheceres y amaneceres estelares.

 

Se cuenta que aquesta luna escuchó las historias de los venerables ancianos y decidió acercarse a la pira de fuego que compartía la tribu donde estaban los ancianos; todos sintieron la mirífica sensación de mirarla en su expresión física de diosa, se prendaron de su belleza y hasta se asustaron, se atemorizaron al mirar a tan bella presencia; todo quedó en silencio, excepto por unos pasos lejanos que cada vez más se acercaban prudentemente hasta aparecer, por entre los asistentes al drama de los abuelos relatores. Era, el poeta. Venía decidido a dejar por entre ese sagrado silencio, unas frases que nadie comprendió, unos suspiros amarrados a su corazón. Todo era debido a la magia de Dios, a una magia que domina a los universos: el AMOR.

 

EL HECHICERO DEL PÁRAMO

Cuentan por ahí; mejor dicho, me lo cuento yo mismo, que hace muchos dilatados años atrás, los grupos indígenas gozaban de bienestar, paz, y alegría durante todos sus días. La naturaleza y ellos estaban en armonía; la tierra les regalaba bondadosamente muchos frutos, mucha comida vegetal deliciosa y las aguas cristalinas del cielo fecundaban convenientemente el suelo de los territorios Pasto.

 

Aquellos ancestros guardaban mucho respeto y amor por el padre sol y la madre luna; por el poderoso trueno que era la voz del dios misterio, entre otras dignísimas divinidades; mas sin embargo, no había entre ellos, hombres o mujeres de poder, más que los curanderos o adivinos. No existía aún, alguien que les comunique la voluntad de los dioses de una manera más clara y directa. Quizá el dios misterio reservaba algunas sorpresas para una historia que sería escrita muy después de aquel entonces.