¿QUÉ NOS PASA?
Tulcán, 19 de julio de 2026
La cultura es identidad, es carta de presentación de un pueblo grande o pequeño en su accionar diario, en su trabajo tesonero, en la convivencia armónica, en sus tradiciones, en su cosmovisión, en el ornato, lastimosamente se ha venido perdiendo aquello; como si estuviéramos frente a un río contaminado por la irracionalidad del hombre que todo destruye, se mira en algunas calles paredes con grafitis apegados a la pornografía y palabras maliciosos ultrajantes a la dignidad humana que desdicen nuestra imagen; si esto se ve en calles… ¿qué diríamos de otros sitios como baterías sanitarias de algunos lugares?

El problema es claro, como si anduviésemos con los ojos vendados… no miramos el trasfondo de esta realidad, nos sumergimos en las tinieblas del abandono dejando que el encono infernal de quienes provocan y dañan la imagen nos abrazara, destruyendo así, los sueños de una correcta urbanidad llevándonos a una agonía lenta del buen decoro e identidad.
En nuestra convivencia, al estar bombardeados de absurdos mensajes venidos de mentes tal vez enfermas o resentidas no sé por qué, se nos ha vuelto normal mirar y callar porquerías donde prima la cultura del maltrato visual, del vocabulario soez de ciertas personas que no meditan sobre quienes los rodean, no se valora el esfuerzo que hacen las autoridades en mejoras de arterias viales y parques; manchan, rompen o roban luminarias, destruyen contenedores muchas veces convierten algunos de estos espacios en urinarios nocturnos.
Los buses de transporte público, es un servicio que se diría nuestro, sin embargo, hay desadaptados que dañan los asientos, con lapiceros, marcadores, pintura o estiletes rayan, escriben frases groseras y atrevidas; ciertos conductores no estacionan sus unidades en los espacios debidos, alzan o bajan pasajeros donde quieren y hay impaciencia porque tocan las bocinas innecesariamente e imprimen velocidad con riesgo para peatones.
La vida estresante que hoy en día afecta a la población, da pie a un deterioro de la salud mental, misma que repercute en el comportamiento humano y paulatinamente, nos empuja a proceder como marionetas de las circunstancias sociales, vulnerando así de una u otra manera al pueblo y su cultura.
El servicio de taxis otra situación, parece que la nueva generación del taxismo (no todos, por cierto) todavía no ha reflexionado sobre el tema de que todo usuario merece respeto, más aún si se trata de adultos mayores, no hay el comedimiento de abrir la puerta, peor de alzar alguna pequeña caja o maleta, no guardan una buena imagen personal, desconocen calles, barrios, difícil entablar dialogo van ojo al celular y/o conversando a través del aparato. ¿Entonces, cómo es la atención a viajeros de otras partes cuando requieren información sobre sitios turísticos de la ciudad, provincia, país y un poco de su historia? Este servicio debe constituirse en la primera carta de presentación que habla de un verdadero orden y urbanidad ante propios y extraños.
Otro problema es la fauna urbana, lógico pensar que, al tener una mascota, ésta es parte del grupo familiar y debe estar atendida como tal dentro y fuera de casa, sin embargo, existen hogares que son dueños de varios caninos y los tienen sin el debido cuidado, salen a la calle libres sin collar ni correa se vuelven agresivos, algunos atacan a personas y hacen sus necesidades en cualquier parte, por ello, se ve excrementos a diestra y siniestra, es muy preocupante. Aquí denota el quemeimportismo ya que según se piensa, “estoy en la calle… nadie tiene derecho a decirme nada”.
La basura, tema destructor de nuestra cultura e imagen, en eventos deportivos, sociales, culturales y más, grandes cantidades de papeles, fundas, envases plásticos, cáscaras de frutas por doquiera, no son depositados en los lugares indicados, no hay el aporte ciudadano para mantener el aseo urbano. Frente al mismo tema, es penoso salir a los alrededores de la ciudad donde se observa montones de escombros a orillas del camino, fundas de basura que despiden fétidos olores destruidas por roedores, perros o el temporal, esta situación no aporta al cuidado del medio ambiente como desearíamos. El ornato de un lugar es minga de todos no únicamente de los señores empleados municipales.
En el saludo, se ha perdido totalmente la norma que dice: “Quien llaga saluda y quien se va, se despide”, esto se ha borrado de la disciplina dentro de los hogares repercutiendo en todas partes entre chicos y grandes, ahora pocos son los que saludan, a nadie perjudica que digamos buenos días, buenas tardes o buenas noches, hasta luego o hasta mañana; de la misma forma expresar las palabras de cordialidad como: por favor, muchas gracias, ha sido un gusto, tenga la bondad, con su permiso, tome asiento, etc. Las buenas normas sembradas en las personas desde tempranos años de existencia y llevadas a la práctica, perduran toda la vida.
En los valores cívicos, ya no hay el patriotismo, no se canta con fervor el Himno Nacional cuando toca hacerlo, en tribunas o mesas directivas desde las mismas autoridades se encuentran mascando chicle, conversando entre ellas o hablando por celular, no se ponen de pies ni se quitan la gorra en muchos casos no saben bien la letra. La Patria exige trabajo, puntualidad, honradez, respeto, capacidad; en el mundo laboral y en todas partes existe la viveza criolla quienes llegan últimos salen los primeros o simplemente no asisten buscando justificarse de cualquier forma; hay un sinnúmero de aspectos que podríamos analizar sobre la pérdida de los valores. ¿Qué diríamos de la política…?
Ante lo manifestado, la colectividad merece un cambio en el contexto cultural, me atrevo a soñar despierto, qué agradable sería convivir en una ciudad aseada donde propios y ajenos nos sintamos motivados al ver que todos nos sumamos y contribuimos con su ornato no arrojando basura en las calles o dentro de transportes u otros lugares, pues para ello habrá que destinar una funda o un bolsillo de nuestras ropas como pequeño basurero; no grafitear paredes ni asientos de buses ni baños con imágenes y frases malévolas; llevar las mascotas de sus correas y como dueños ir preparados para recoger sus excrementos sin protestar a nadie como se hace en otros lugares; que haya la cordialidad en quienes nos brindan alguna atención o servicio y la reciprocidad de los usuarios, informarnos de los temas culturales y otros para entablar un diálogo ameno, valoremos los símbolos patrios que nos identifican como ecuatorianos, demostremos honradez, respeto, trabajo y cultivo de valores.
Todos debemos imponernos esta tarea haciendo algo nuestro que es la responsabilidad frente a la cultura.
Por Wilson Viveros C.
Imagen generada con IA de Gemini

