Mirar la cantidad de jóvenes y niños venezolanos que cruzaban la frontera entre Ecuador y Colombia, por el puente internacional de Rumichaca en una diáspora sin rumbo fijo, me produjo una reacción paradójica, dolorosa y desconcertante, al tiempo que escuchaba a través del internet a personas que declaraban en una radio de Venezuela, que ellos son ricos porque son petroleros y que no trabajaban porque el estado debía mantenerlos.
VENEZUELA, DEBE DEJAR MORIR A SUS 4 VIEJOS PARA REINVENTARSE

El contrasentido y el desconcierto se agudizan cuando los ecuatorianos somos testigos de estos migrantes que llevan consigo su potencial de trabajo, capacidad creativa, decisión, los modos y maneras con que los venezolanos sobreviven en este éxodo cruel y doloroso, provocado por una serie de variables, complejas, que arrastran matrices culturales, políticas, ideológicas, económicas y jurídicas de orden interno y externo a Venezuela.
Estas personas que deben afrontar una situación de crisis humanitaria, provocada por la bendición-maldición de la abundancia de recursos naturales, la ambición, la insensibilidad, la torpeza de propios y extraños y la incapacidad para construir un país viable, seguro e incluyente para la mayoría de los venezolanos.
La abundancia petrolera y el Caracazo
Los hechos políticos y económicos se replicaron con algunas similitudes en la región y en Venezuela y en el Ecuador NO fue la excepción
En 1989, se produjo el Caracazo que fue una serie de protestas y disturbios en Venezuela durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, que dejó un saldo trágico de 276 muertos y más de 3000 desaparecidos, como consecuencia de la explotación petrolera con el auspicio de los Estados Unidos.
Los efectos se replicaron en Latinoamérica, en este caso la economía venezolana como en los demás países, entró en el endeudamiento producto del "boom" petrolero en los 70’ en los que el Estado venezolano aumentaba su recaudación y por ende el gasto público.



