El miedo
Vi el miedo como jamás lo había visto, en su rostro, en sus ojos pequeños cerrados, tendido en esa camilla de terapia intensiva, indefenso, solitario, sin fuerzas.
Que difícil era ver como aquel hombre fuerte con el que me casé hace veinte años, se había convertido de pronto en lo que nunca quiso ser, un cuerpo sin vida, que necesitaba ayuda de aparatos para mantenerse.
El miedo se disfraza de tantas maneras y a pesar de haberlo sentido en otras ocasiones: en mi piel, en mis huesos y en mi corazón, jamás fue tan sólido como aquella tarde. No fue miedo a perderlo o a mi vida después de él, o a la soledad que seguramente me esperaba. ¡no! Tuve miedo de mí. De lo que sería capaz de hacer por él, el hombre de mi vida, mi compañero, mi gran amor, mi pilar, mi protector, quien de un momento a otro se transformó en mi protegido.






