ESPERANZA
Era la primera feria del año, el primer jueves del mes, el cielo había bajado hasta casi la mitad de la calle, con la neblina tan espesa era imposible ver algo, a esa hora de la madrugada. Segundo no necesitaba de despertador, su mente estaba programada desde muy niño, a las tres y treinta cada jueves se levantaba, se cambiaba de ropa intentando hacer el menor ruido posible, salía a la cocina a calentar el agua de cedrón y luego bebía una taza grande acompañada por un pambazo.
Ese día colocó en el bolsillo izquierdo del pantalón, una funda de tostado, en el otro, la billetera con tres monedas para dar vuelto, la cédula y la libreta militar, la gorra de pana; la franela roja y raída en el brazo, el mismo ritual los últimos treinta y tres años. .

